lunes, 6 de abril de 2015

Decadencia del capitalismo

Por Nelson Lombana Silva


Se percibe en cualquier parte. En una terminal empujado por una loca intelectualoide y embustera que se autoproclama estúpidamente humana, pero que en realidad no es más que megalómana, mentirosa y egocéntrica. Se percibe en el aire contaminado, en la fetidez de la descomposición y en la soledad dramática de la insolidaridad.

Amar no es decir, amar es hacer. La humanidad está ahíta de tanta teoría acerca del amor, pero está raquítica de amor práctico. Predominan la hipocresía y la deshumanización en todas sus formas y manifestaciones.


La raíz del desamor está en el sistema capitalista. “La burguesía ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones familiares, y las redujo a simples relaciones de dinero”, dijeron Carlos Marx y Federico Engels en 1847.


Aquello parecía desenfocado, absurdo y quizás exagerado. Incluso, quienes viven hoy en las tinieblas del analfabetismo político no lo conciben así y creen que son casos aislados, “frutas podridas” que se empeñan en dañar la mayoría. No saben. Viven atrapados en las cadenas invisibles del régimen capitalista, al extremo de ser pobre pero pensar como rico. “Aman” las cadenas de la opresión.


Hoy, los papás se matan entre sí, los padres matan a sus hijos y viceversa, los hermanos se matan entre sí, por cuestiones económicas generalmente. El campo económico marca la pauta. Predominan las relaciones de dinero. Eso, ¿No es deshumanización? Eso, ¿No es decadencia del capitalismo?


La madre se prostituye. Pierde su dignidad y su don humano, asumiendo el instinto animal que identifica a las demás especies animales. Se rebaja más que la perra, porque la perra nunca abandona a sus hijos, ni los odia, ni los desprecia, ni los responsabiliza de su tragedia. Por el contrario. Los protege, los ama, los defiende y los ayuda a crecer. La perra no aborta. La perra comparte animadamente un mendrugo de pan con sus cachorros.


La prostitución no es un placer, es una necesidad económica en el capitalismo. En ese proceso deprimente no solo se mina la parte material (física) de la persona sino la parte inmaterial (conciencia o alma dirían los religiosos). Se pierde la autoestima. La vida no vale nada.


La podredumbre del capitalismo resulta inexorable. La esperanza es que no es un sistema eterno e inmodificable. No en vano dijo el científico Lavoisier: “Nada se crea, nada se acaba, todo se transforma”. Igual, volvamos a Carlos Marx y Federico Engels: “La burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres (mujeres) que empuñarán esas armas, los obreros modernos, los proletarios”.


Este sistema capitalista injusto e inhumano será destruido tarde o temprano, con o sin nosotros, porque la historia no se detiene y sigue las manecillas del reloj. Es obvio. Si pasamos del primitivismo, a la esclavitud, después al feudalismo y entramos al capitalismo, sistema enfermo, tendrá que morir para salir el sistema socialista. No hay otra alternativa.


Pero como dicen Marx y Engels los procesos no se hacen por accidentalidad, se hacen por causalidad y quien debe darle muerte a este, es el pueblo debidamente organizado y politizado. No hay que mirar para el firmamento (cielo) a esperar milagros, ni esperar el surgimiento de un burgués generoso. El único camino es la unidad de los oprimidos (pueblo) contra los opresores (burguesía) como dijera José Antonio Galán.


En esta lucha ideológica y política han marcado la pauta los Comunistas. Por eso nos odian, nos desprecian, nos aíslan, nos amenazan y nos matan. Somos los auténticos anunciadores de un sistema humano, donde la majestuosidad del amor se robustece y se dignifica. Lo humano se hace humano. Fluye la verdad y se hace realidad el hombre en función social, en comunión, en comunidad. Me refiero – desde luego – a los Comunistas, no a los Comunistoides, oportunistas y embusteros que hay por ahí en cantidades.


Dicen los camaradas Marx y Engels: “Los Comunistas son, pues, el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a los demás”.



Por eso es que a veces somos incomprendidos en primer lugar por la misma clase social proletaria y como se dijo arriba, odiado a muerte por la burguesía. Por eso, no es fácil ser Comunista, por eso nuestra eterna admiración a los que han sido consecuentes e incluso, han ofrendado su vida caso de Alberto Márquez, Demetrio Aldana, María Oliva Campos Torres. Incluso, los que hoy viven como Evelio Villarreal Herrán, Raúl Rojas González, Juanito Rojas González, José Neira, Lily Ipuz Medina, Ruth Nieto Martínez, Primitivo Espitia, Pedro Bolaños Batista, Jorge Pinzón y tantos otros.


A la memoria de los caídos y la unión de los vivos la tarea es impulsar la lucha revolucionaria para contribuir al ocaso del capitalismo y el advenimiento del socialismo. Nada de sentarnos a esperar ver pasar el cadáver del capitalismo


Para advertir la decadencia del capitalismo basta con tener la capacidad de sentir y amar, tener capacidad de asombro. Todo lo que brinde el conocimiento teórico que brota de las frías academias es ganancia. El que no ama no es nada, ni siquiera nadie. Por el contrario. Es una vergüenza de la naturaleza, una verdadera desnaturalización de la naturaleza.

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