martes, 18 de octubre de 2016

El liderazgo que deberíamos intentar imitar

Por Nelson Lombana Silva

La descripción sencilla pero profunda que hace el cineasta Bruno Muel de la personalidad del inmortal comandante Manuel Marulanda Vélez, según entrevista de Manuel Salamanca Huertas, publicada en el semanario VOZ La verdad del pueblo, edición número 2857, página 8, debe llamar poderosamente la atención de los que de una u otra manera ejercen un liderazgo en Colombia y en América Latina.



Hace recordar esta definición la célebre frase de Martí de que toda la gloria del mundo cabe perfectamente en un grano de maíz. Nos podríamos preguntar cómo es el liderazgo hoy y cómo debería ser. Claro, habría que hacerlo sin soberbia, sin petulancia y sin arrogancia, despojándonos de esos vicios propios del capitalismo, pero de verdad, no simplemente señalándolo con palabras poéticas y románticas, pero carentes de contenido, de esencia. Es decir, de crítica y de autocrítica.


1965, un cineasta francés joven, va a la profundidad de la montaña ejerciendo su profesión y se encuentra con el joven Manuel Marulanda Vélez, derroche de fuerza, pletórico de sueños quijotescos desafiando el monstruo de mil cabeza con qué decisión y coraje.


Esa imagen le da vueltas y vueltas en la cabeza de Bruno Muel, no sale, se queda con él y es la que expresa muchos años después en este reportaje del cual estamos haciendo referencia.


“Era una persona sencilla, muy discreta. Nunca le oí un grito. Era un hombre macizo, que hablaba poco”, dice. Los hombres grandes son sencillos, seguros de sí mismos y respetuosos con los demás. Saben conducir. Hay que ser como Manuel o por lo menos intentar serlo en un mundo tan confuso y tan vacío de contenido, donde predominan los liderazgos de papel.


Bruno Muel también recuerda al comandante Ciro Trujillo y lo define como un verdadero guerrero. Es decir, como un líder guerrillero convencido de la justeza de la lucha revolucionaria que era protagonista con toda la adversidad del mundo.


Qué distinta es la apreciación espontánea y sincera del cineasta francés a la “opinión pública” que ha impuesto la oligarquía colombiana en contubernio con el imperialismo norteamericano. Con qué sevicia se mancilla la honra de este hombre campesino que luchó toda su vida por sus hermanos de clase, pasando a la historia seguramente sin proponérselo a ser uno de los mejores estrategas militares y políticos a nivel mundial, una verdadera celebridad universal.


El pueblo está con los ojos vendados. Además, atemorizado. El régimen combina muy bien los aparatos ideológicos y represivos, con el único propósito de que el pueblo no piense, ni actúe. Sea presa fácil de la manipulación. Eso se ha mantenido en Colombia a sangre y fuego. Lo interesante es que ese dominio imperial no es eterno.


Decíamos en una intervención cuando la campaña por el plebiscito de que seguramente nos iríamos a llevar una gran sorpresa cuando tengamos enfrente de nosotros a un guerrillero, porque de él solo tenemos una versión, la que suministra los medios masivos de comunicación, versión virtual que seguramente será totalmente diferente a la versión real que podamos tener nosotros directamente, sin intermediarios.



La mentira es efímera, la verdad eterna. Se impondrá tarde o temprano. Bien dice el dicho popular: “Cae más fácil un mentiroso que un cojo”.


Seguramente, más temprano que tarde se impondrá en Colombia la versión de Bruno Muel del comandante Manuel Marulanda Vélez y de la guerrillerada en su conjunto y la versión mediática irá al cesto de la basura. Contra viento y marea, los procesos revolucionarios siguen su curso. Se podrá engañar a muchos durante algún tiempo, pero no a todos y por siempre. El brillo de la verdad es superior al moho de la mentira y la infamia.





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