martes, 11 de octubre de 2016

Diálogo de paz con el Ejército de Liberación Nacional

Por Nelson Lombana Silva

El pueblo colombiano está hastiado de la violencia, el miedo que genera las toneladas de dinamita tiradas desde aviones y helicópteros militares contra campamentos, pueblos, casas de campesinos, cultivos de pancoger, animales, etc, etc.



No hay zona más cruel que zona militarizada. Se restringe el paso de los habitantes de bien, el canto alegre de los campesinos y las campesinas, solo resuena el traqueteo de las ametralladoras, los bombazos, el lenguaje soez y la mentira infame para justificar lo injustificable y que tiene nombre propio: “Falsos Positivos”, es decir, crímenes extrajudiciales.


El 2 de octubre tuvimos la oportunidad de decirle adiós a todos estos sucesos, pero no fue posible. No creo en los resultados. A nuestro modo de ver es una falacia más. Me inclino a creer  que el hacker hizo su agosto y otras artimañas para mostrar resultados inverosímiles.


Sin embargo, no es tiempo de llorar sobre la leche derramada. Se trata de persistir en la gran utopía de aspirar morir cómodamente en la modesta camita, cosa que no está garantizada en el sistema capitalista, como bien lo dijo en su momento el general Omar Torrijos en Panamá. 


Las regiones que han sido literalmente destruidas por los horrores de la guerra, salieron a votar por el Sí, los enajenados de las urbes que se creen millonarios le comieron cuento, el carretazo del narcoparamilitar expresidente Uribe Vélez y salieron a decir con el No que querían seguir otros 50 años de conflicto armado en Colombia. Qué error tan craso. Claro, fue un error porque el pueblo realmente quiere la paz pero con justicia social. Añora la paz. Necesita la paz.


Pero como los buenos somos más que los malos, el pueblo indignado e incluso, perplejo se ha lanzado a la calle a protestar y exigir que la paz se debe imponer sobre el horror de la violencia. El bumerang contra el Centro Democrático resulta inexorable. Así lo certifica la lluvia de movilizaciones en todo el país que se viene dando.


Además, el anuncio público de los diálogos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), es otro indicio diáfano de que el pueblo e incluso, el mismo movimiento insurgente en su totalidad, están sedientos de paz con justicia social. La mentira es efímera, la verdad eterna. Uribe y su patota están al descubierto, mientras que las bondades del acuerdo del gobierno con las Farc se catapultan una vez el pueblo lo va estudiando e interpretando correctamente.


Cientos de militares presos en las cárceles – por ejemplo – se han pronunciado apoyando el acuerdo que ya reposa en Berna, las Naciones Unidas, la Celac y otros organismos importantes del orden internacional, debidamente discutido, aprobado y firmado por las partes.


Incluso, los amigos de Uribe (los paramilitares) que al parecer fueron traicionados por éste, se han mostrado proclives al acuerdo. Uribe se diluye en el estiércol tenaz del guerrerismo cada vez con más fuerza. La mala hora le ha llegado. Solo lo sostienen los Estados Unidos con su doble personalidad y el gran capital manchado de sangre por todos sus costados como diría Carlos Marx.


La conversación con los elenos comenzaría el 27 de octubre en la hermana república de Ecuador, exactamente en su capital Quito. Según se pudo establecer, el primer tema de discusión sería la participación de la sociedad civil.


El pronunciamiento de la comunidad internacional no se ha hecho esperar a favor de los diálogos y la salida política al conflicto armado que vive Colombia hace más de 50 años. En conjunto esta comunidad ha dicho que ve el proceso con gran expectativa y esperanza. El premio Nobel de Paz se debe interpretar como un respaldo al proceso de paz que vive Colombia con las Farc – Ep y ahora con ELN. También como un llamado a la comunidad nacional a romper con la dictadura mediática, sus efectos letales, asumiendo un compromiso crítico, propositivo y unitario. La dura lucha entre la paz y la guerra es latente, solo el pueblo politizado, organizado y movilizándose puede inclinar el pleito duro a favor de la paz. En esta brega no podemos dejar solo al movimiento insurgente.


Desde esa perspectiva, es que saludamos las buenas nuevas de las reanudaciones de las conversaciones con el ELN, movimiento guerrillero que lleva también más de 50 años luchando por el poder popular para el pueblo en su conjunto.


Hay que apoyar este proceso de cabo a rabo, como diría Gabriel García Márquez. El destino de la humanidad es la paz no la guerra.

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Coletilla: Saludamos con beneplácito la decisión de las autoridades judiciales de eximir de todo castigo a la doctora Piedad Córdoba, mujer liberal que se ha jugado la vida por la paz con justicia social. Termina para ella la noche oscura y se abre perspectivas valiosas para el pueblo colombiano. Seguramente con Piedad Córdoba se puede pensar en su capacidad para ayudar a jalonar el proceso unitario que tanto necesita el pueblo colombiano. Es una mujer valiente, inteligente y luchadora. Felicitaciones doctora Piedad Córdoba.





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