Por Nelson Lombana Silva
Recorrimos antier el corregimiento de
Castilla, municipio de Coyaima, Tolima, bajo el calor soporífero de las
dos de la tarde. Todo aparentemente vuelve a la normalidad. La gente
ofreciendo el pan de yuca, la almojábana, las frutas y el agua helada.
Encontramos
sobre la vía a Coyaima, un puñado de campesinos de Chaparral, Planadas y
Dolores resistiendo con dignidad y conciencia. “Estamos cansados –
dijeron – pero no derrotados”. Tienen aquellos labriegos claro que se ha
hecho una pausa, un gesto de buena voluntad desbloqueando la vía para
facilitar la instalación de la mesa de interlocución MIA y la discusión
de los seis temas propuesto de conformidad con el acuerdo suscrito el 8
de septiembre en la ciudad de Popayán, Cauca.
Sin embargo, tienen
clara la película. En el eventual caso que el gobierno traicione lo
pactado volverán a las vías de hecho con más organización y decisión,
por cuanto es el único camino que los campesinos tienen para exigir sus
derechos.
Entre el puñado de campesinos que hayamos y que fueron
hostigados antier por la policía en tres oportunidades con amenazas de
requisarlos y que no pasaran el potrero donde están ellos, porque no
respondían, encontramos al joven padre de familia, Edwin Núñez Murcia,
cansado pero dispuesto a continuar en la lucha hasta las últimas
consecuencias.
Es un labriego pacífico. Mirada serena, humana.
“Me metí a este paro por necesidad. Es un sacrificio, porque nos toca
dejar hasta la familia, los hijos abandonados, pero como campesinos no
tenemos otra alternativa”, señala.
Agrega: “Soy campesino
indignado porque uno va a comprar y todo es caro, pero en cambio, va a
vender las cosas que producimos y todas son baratas. Viene uno al paro y
encuentra otros campesinos indignados, entonces eso le da fuerza, mucha
moral y eso hace que resistamos pase lo que pase, dispuesto incluso,
hasta sacrificar nuestra propia vida. Se da uno cuenta que no hay otra
alternativa, distinta a la movilización”.
Acerca del
comportamiento represivo de la fuerza pública, el joven dirigente del
municipio de Planadas, Tolima, subraya: “No tiene otro nombre: Cobardía.
El Estado acudió a la violencia, cuando se dio cuenta que los
campesinos teníamos la razón y una posición clara y consecuente. Utilizó
el mismo método: El terrorismo de Estado”.
“La juventud
campesina – agrega con amargura – no tiene futuro, no tiene
oportunidades, todo lo que ofrece el gobierno está relacionado con la
guerra y mucha juventud no estamos con la guerra. Los que no nos gusta
la guerra no tenemos oportunidades en Colombia”.
También
encontramos en una de las calles polvorientas a Benjamín Guzmán
Rodríguez, el hombre de la guitarra, pero también el Comunista
convencido y consecuente con su ideología. A pesar de sus años y su
cansancio no renuncia al buen humor y a la esperanza. Estuvo los 23 días
defendiéndose del gas lacrimógeno, las balas de aturdimiento y las
balas de los fusiles. “Yo llegué el lunes 19 de agosto muy temprano del
cañón de las Hermosas, de Chaparral”, señala.
Guzmán Rodríguez es
un campesino neto, pensante y analítico. Critica – por ejemplo – el
comportamiento de los medios de comunicación. En ese sentido, dice: “Los
medios de comunicación en vez de estar con los campesinos, la gran
mayoría están en contra, son títeres de los noticieros grandes; toman
una información pero salen diciendo otra cosa, totalmente distinta”.
“Quiero
que esto lo sepa toda Colombia – anota – semos golpeados por los
títeres de los Estados Unidos, las multinacionales, todas las políticas
que tiene el neoliberalismo, como cuando uno tiene un trapiche y quiere
que el pueblo sea la caña y van apretando para que dé el guarapo y día a
día nos van apretando las tuercas y nosotros no nos damos muchas veces
cuenta”.
Al disco rayado del ministro de defensa Juan Carlos
Pinzón, de que el paro es una orden de la guerrilla, Benjamín Guzmán
Rodríguez, responde sin rodeos: “Nuestras fincas están acabadas, el
gobierno se olvidó totalmente del campo y de los campesinos, los insumos
son muy caros, no hay herramientas para trabajar en cordillera, no hay
comercialización. Esas son las razones de este paro, señor gobierno, lo
demás son inventos estúpidos”. “Es más: lo que el gobierno hace bueno se
lo aplaudimos. Pero es que en este paro no ha habido una sola cosa
buena que merezca ser aplaudido”.
Por su parte, el compañero
Ernesto Soto Gonzáles, del municipio de Planadas, concedió la siguiente
entrevista en la cual hace una síntesis de la lucha que se viene
desarrollando en el sur del Tolima. También permaneció los 23 días en
Castilla y a pesar del cansancio dice que está dispuesto a continuar en
la pelea. La conversación es la siguiente:
- Compañero
Ernesto: usted permaneció los 23 días de paro en el corregimiento de
Castilla, municipio de Coyaima, Tolima. ¿Cuál es el balance que puede
hacer? ¿Cuál es la experiencia adquirida?
Para uno como
campesino es una gran experiencia, puesto que el agro a nivel nacional
nunca había tenido una representación de un paro tan largo como el que
tenemos ahora. Hubo uno ahora en febrero organizado por la “famosa”
Dignidad Cafetera, el cual duró 13 días, si no estoy mal, pero de lo
cual no se logró nada.
Nosotros estamos aquí en Castilla, en este
sector, desde el 19 de agosto y consideramos que hemos logrado un
avance significativo como es la conformación de la mesa de interlocución
nacional MIA, de los acuerdos y por ahora como usted puede ver hemos
tenido un atropello en el día de hoy de la policía, incitando a que
tenemos que irnos, que tenemos que desplazarnos. Es decir, cantidad de
cosas y por eso estamos preocupados, pero aquí estamos con la mira de
seguir luchando por este país que tanto queremos, que tanto nos ha dado,
nos ha dado hijos. Nuestros padres ya están muy ancianos, pero hay las
ganas de seguir luchando por los objetivos que nos hemos propuestos y
que están plasmados en el pliego de la mesa MIA, que son seis puntos.
- Fueron 23 días de lucha en este lugar ardiente y en las peores condiciones, en donde usted aún se sostiene heroicamente. ¿Cuántos campesinos alcanzaron a llegar a este lugar?
En este sitio estuvo la mayor cantidad de campesinos de los municipios del sur del Tolima, como fueron: Chaparral, Rioblanco, Planadas, Ataco, Coyaima, Natagaima, Dolores, Rovira, Roncesvalles. Entre todos, logramos a conformar un grupo de más de 4 mil personas, las que en los primeros 15 días recibimos gases lacrimógenos, por tierra y aire, balas de aturdimiento. Pero como vieron que el campesino estaba enfurecido, la fuerza pública no tuvo más que dispararnos con armas de fuego, dejando como saldo trágico un compañero campesino muerto y nueve heridos, de los cuales hay uno supremamente grave que se debate entre la vida y la muerte y cientos y cientos de contusos.
Lo grave fue la utilización de las balas de fuego con las cuales asesinaron un campesino y otro se encuentra supremamente grave, como ya dije, y otros heridos a bala. Si hubieran sido heridos en otra y forma vaya y venga, pero fueron heridos a bala. También la gravedad estuvo en la infiltración que hizo la misma policía y que la misma ONU pudo constatar, la policía disfrazada de campesina tirándonos piedra y bala.
- Una constante en todo el país fue precisamente la infiltración de la fuerza pública en la protesta para hacer vandalismo y luego “justificar” lo injustificable. ¿Acá fue lo mismo?
Sí, es cierto. En el caso de Castilla la misma ONU, vio un día que estábamos en conflicto con la policía vio a cuatro “civiles” que nos estaban agrediendo con piedra, cerca de la policía, con tenis y portaba un fusil, el cual lo tenía en un costal y la boquilla salía en la parte baja.
Mientras nosotros venimos a luchar por nuestros derechos, pacíficamente, a mano limpia y ellos tienen sus escudos para defenderse, sus armas aturdidoras, sus armas de gases lacrimógenos y fuera de eso, nos enciman la bala, pues vemos que esas no son garantías para hacer la protesta constitucional.
- Entonces, ¿Es falsa la promesa del presidente Santos que dijo que se comprometía a dar todas las garantías para la justa protesta de los campesinos colombianos?
Nosotros no nos podemos decir mentiras. Es falsa la afirmación del presidente en todo sentido, porque cuando estuvo la ONU, los Derechos Humanos y la Defensoría del Pueblo, las bombas aturdidoras que nos tiraron desde el helicóptero y los antimotines, el coronel Quiñonez que era el que estaba en ese entonces, dijo que eso no lo había tirado ellos. Yo le dije al Defensor del Pueblo: “Entonces fuimos nosotros lo que hicimos eso y dejamos las cocas por aquí botadas. Es un absurdo que no le cabe en la cabeza a ningún ser humano”.
En relación con los heridos a bala, el general Quiñonez dijo que eran los mismos campesinos los que se habían pegado los tiros. Eso no se le ocurre decir ni al más bruto del país. Eso lo hicieron ellos directamente.
- ¿Qué queda después de 23 días de lucha, de lágrimas, sudor, susto, rabia, frustración y alegría?
Después de esa lucha queda, primero que todo, un cansancio al verraco porque este calor aquí de 40 grados, solo lo soportamos nosotros que tenemos conciencia íntegra y ya aspira a que este país cambie, que nosotros tengamos una nueva Colombia y que son nuestros hijos, nuestros nietos y toda nuestra descendencia vengan a disfrutar de algo más bonito, más mejor.
De resto, si el gobierno no nos cumple con lo pactado tendremos el coraje, la valentía y la gallardía de volver a botarnos a las carreteras. Lógico, ya miraríamos otras condiciones, porque como campesinos hemos cometido ciertos errores, lo cual es de evaluar y miraríamos en un futuro no muy lejano volver a la pelea. Pensamos que esta protesta es el comienzo de un cambio de verdad, una búsqueda de una verdadera democracia para toda Colombia, donde sea el pueblo el que rija los destinos del país para un bien del pueblo. Es el pueblo para el pueblo y siempre seguiremos en la lucha.
- Compañero Ernesto Soto: 23 días después de ardua y desigual lucha contra este régimen criminal, ¿Se siente derrotado?
No. No. No. Nosotros, ni mis compañeros que estamos acá después de estos 23 días, ni los compañeros de todo el país, jamás nos sentiremos derrotados. Lo digo con absoluta seguridad y convicción.
Por el contrario, cansados sí porque este calor aquí es agotador, pero no nos vamos derrotados, porque pensamos que con la instalación de la mesa de interlocución MIA, logramos algo. Lo que pasa es que siempre logramos algo, pero casi siempre queda en el tintero, porque el gobierno nunca nos va a cumplir. Pero, ahí estamos en la expectativa: de que si el gobierno no nos cumple, obligatoriamente nos tocará de nuevo tomar las calles y carreteras.
- ¿Qué lecciones quedan de este paro para que las generaciones venideras sean más contundentes en sus luchas reivindicativas y políticas?
Es lógico, ya nosotros pasamos más de la mitad de la vida y las aspiraciones son esas, de que las nuevas generaciones tengan un futuro mejor, tengan vida digna. La constitución nacional es muy linda y dice que nosotros debemos tener una vida digna, una vivienda digna, pero el Estado nunca nos la dará de buenas a primeras; las garantías solo figuran muy bonitas en los libros pero el Estado nunca las implementa.
Por eso nosotros como campesinos, no como delincuentes y vándalos como nos ha tratado el gobierno nacional, venimos y sentamos nuestra voz de protesta, estamos “mamados”, el campo no da para vivir, escasamente medio comemos; las fincas están para perderse por los altos costos de los impuestos, de los fertilizantes, las deudas que hay con las entidades bancarias. Toda esa problemática es una realidad y nosotros buscamos con la movilización su solución, es el único camino que nos queda para exigir los derechos legales. Luchamos pensando en el futuro de nuestros hijos y en los pocos días de vida que nos quedan. Esta lucha tendrá que arrojar frutos buenos.
Ernesto Soto Gonzáles y Benjamín Guzmán Rodríguez, líderes campesinos del sur del Tolima. Foto Nelosi
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