miércoles, 26 de agosto de 2026

Intelectual Orgánico vs. Intelectual Tradicional

Imagen: Internet

Por Nelson Lombana Silva

“Intelectuales” de pacotilla, han salido a festejar sin ruborizarse el hurto de la presidencia de la república a manos del estadounidense, Abelardo de la Espriella Otero. Tengo una especial admiración hacia ellos por el conjunto de conocimientos que manejan, sobreponiéndose a largas noches de insomnio, devorando libros, asimilando textos enteros y haciendo conjeturas. 

El sistema capitalista considera intelectual el que haya podido adquirir conocimientos universitarios y títulos habidos y por haber. Fidel Castro Ruz se opone a esta consideración, afirmando que todo ser humano es intelectual, porque de todas maneras usa el intelecto e intelectual viene de intelecto. La discusión está abierta, buena para alquilar balcones.

¿Qué es un intelectual orgánico? ¿Qué es un intelectual tradicional? Se considera que un intelectual orgánico es una persona que usa sus ideas, su voz o su saber para crear y difundir la visión del mundo de un grupo social, un partido, un sindicato o un movimiento político. Diríase que el intelectual orgánico hace coincidir la teoría con la práctica. Es consecuente. No dice una cosa y hace otra.

Este concepto fue creado por el pensador revolucionario de nacionalidad italiana: Antonio Gramsci, en el siglo XX. Para él, este tipo de intelectual no está solo encerrado en los libros o en la universidad, sino que actúa de forma directa en la sociedad para ayudar a un grupo a ganar poder y apoyo social. El intelectual orgánico no se contenta con estudiar solamente la unidad, por ejemplo, sino que se preocupa por materializar la teoría a través de la praxis. Dice y hace.

Entiende el intelectual orgánico que el conocimiento es para generar cambios sustanciales en la sociedad a la cual pertenece. Es decir, categorías fundamentales como: Cambio, Justicia, Unidad e Igualdad; estos criterios  siempre están en la mente del intelectual orgánico.

El intelectual tradicional sería todo lo contrario, lo opuesto. El conocimiento es para alimentar el ego, sostener la clase dominante y justificar lo injustificable. Estos intelectuales no caminan, se arrastran ante el amo y solo se contentan con migajas que caen de la mesa del rico Epulón. Son los que veneran las payasadas del ilegítimo presidente Abelardo de la Espriella Otero y hablan sin elementos mínimos de juicio de los intelectuales orgánicos inventando verdaderos esperpentos que contradicen el conocimiento científico del cual hace alarde el intelectual orgánico.

El intelectual tradicional se arrastra, mientras el intelectual orgánico camina erguido con dignidad. Siempre está argumentando, sin alejarse un milímetro de la sociedad que lo rodea y de la ciencia. El intelectual tradicional se mueve en el mundo oscuro de la apariencia, el egoísmo, la petulancia y la mediocridad. No estudia para saber, estudia para colocarse por encima de sus coterráneos. Bien se le podría llamar a estos, intelectualoides. Son religiosos y opacos. Embusteros y embaucadores. Son abelardistas

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