domingo, 16 de agosto de 2026

¿Cómo pueden las religiones hablar de verdad si reprimen la ciencia?


Abelardo de la Espriella. Foto Internet

Por Nelson Lombana Silva  

No es un secreto que el ilegítimo presidente colombiano, Abelardo de la Espriella Otero, utilizó la religiosidad en su expresión más primaria para hurtarse la presidencia de la república, siempre con el aval de Estados Unidos e Israel. Incluso, el descomunal proyecto del imperialismo norteamericano tiene en las religiones un puntal fundamental que seguramente la humanidad, especialmente la crédula, no alcanza a dimensionar en sus justas proporciones.

No resulta gratuito que los países dominados por la religiosidad, sean los más miserables, dependientes, analfabetas políticos, egoístas y violentos. La respuesta es elemental: Porque la religión fue creada para mantener a los pobres felices, creyendo ciegamente que sus males obedecen al pecado original y que el cielo será la gran recompensa eterna. La biblia lo dice: Es mejor perder el mundo terrenal y ganar la morada eterna (El cielo).

En nombre de Dios los terratenientes les quitaron a los aborígenes la tierra. Como dice Eduardo Galeano, el ibérico le hizo cerrar los ojos y cuando lo abrieron, los aborígenes tenían la biblia y los invasores la tierra. Los despojaron de la libertad, de la autonomía, su hermosa cosmovisión y en su sitio y, a sangre y fuego, impusieron un Dios extranjero que proponía como regla fundamental la sumisión y la credulidad, so pretexto de ser llevado al infierno a arder por la desobediencia. Les propusieron que, obedeciendo como mansas palomas, sufriendo con resignación y rezando mucho, serían salvados.

Durante el Feudalismo la institución más poderosa y adinerada era la iglesia católica. Según Leo Huberman, era dueña casi de las tres cuartas partes de Europa. Todavía se sucede el mismo fenómeno tétrico: Mientras el crédulo muere de mil necesidades, los pastores comen a manteles y se codean con la gran burguesía. Siempre las religiones han estado a favor de la clase dominante. Durante la esclavitud, los pastores se codeaban con los esclavistas; durante el Feudalismo con los Señores Feudales y durante el capitalismo con los capitalistas. Mientras usted ayuna los pastores derrochan sin pudor los diezmos.

La religiosidad es más acentuada en los países subdesarrollados y subyugados por la brutal explotación del hombre por el hombre, es la estrategia que se juegan Estados Unidos y los países capitalistas para tener y mantener a los pueblos adormilados pensando que son pruebas que pone Dios para medir nuestra fe. Hacen shows hasta en televisión para sostener tal mentira. La iglesia católica, por ejemplo, montó la Santa Inquisición en la cual mató a miles y miles de seres humanos en nombre de Dios. Cuando el científico Galilei Galilei, con su teoría demostró que la tierra no era el centro del universo, como torpemente lo sostenía la iglesia católica, fue obligado a abjurarse, de lo contrario estaría condenado a ir a la hoguera, sometido a las más infames torturas. Cansado casi a sus ochenta años, se abjuró. Giordano Bruno, también científico señaló que la teoría de Galilei Galilei era cierta. Fue condenado a la hoguera con múltiples torturas y vejámenes. Todo aquel que no creyera era considerado hereje y tenía que morir en medio de espantosas torturas. La religiosidad fue impuesta a sangre y fuego. Los pueblos tenían que escoger entre el crucifijo y la espada. Fue tal la brutalidad cometida en América que el Papa Juan Pablo II se vio obligado a pedir perdón, desde luego, de dientes para afuera. Luego, no es calumnia lo que estamos diciendo.

Vale la pena preguntarnos por un momento siquiera: ¿Cómo las iglesias pueden promover la abundancia a través de los siglos, si los seguidores llevan siglos y siglos en la ruina más atroz? Es más: ¿Cómo pueden las religiones hablar de verdad, si reprimen la ciencia, la sexualidad y la conciencia? No hay duda, la religión es el opio del pueblo, lo dijo Marx. Esa debilidad ideológica la manejó y la explotó Abelardo de la Espriella Otero y la explota Estados Unidos con la firme convicción que mientras el pueblo se mantenga crédulo apoyado en la supuesta fe, se mantendrá fiel a los verdugos y criminales que nos manejan como De la Espriella Otero, Netanyahu y Donald Trump.

En pleno siglo XXI creer o no creer no es problema para cambiar, porque la creencia es de cada uno. Es decir, si quieres creer, crea; si no quieres creer, pues no crea. Lo fundamental en momentos en que el planeta está ad portas de la tercera guerra mundial, que sería prácticamente, el fin del mundo, es la unidad de creyentes y no creyentes para transformar el planeta, derrotar la guerra y sembrar la paz con justicia. Ciertamente, es cuestión de vida o muerte.

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