 |
| Foto: Pinterest |
CuentoPor: Nelson Lombana Silva
El golpe estridente despertó sobresaltado al pequeño que dormía plácidamente en su estrecho camastro. Nervioso permaneció estático mirando hacia el techo donde supuso se había originado el estrepitoso ruido. Pensó que el techo se le podría venir encima, cubriéndose el rostro con el cobertor oscuro, pensando eludir la tragedia de esta manera. Después de un corto silencio, que le pareció a Mateo una eternidad, volvió a sentir el ruido más contundente y consecutivo. Sentado en el borde de la cama, determinó el lugar. Metió sus pies en las pantuflas y encaminándose hacia la puerta, la abrió de un solo golpe. Era La Turquesa, la pequeña perrita de vistosos colores que se lamentaba del frío bajo el pequeño alar de la casita de madera sin pulir. Lo primero que se le ocurrió fue regañarla, pero el animalito se adelantó y moviendo la colita y dando chillidos de auxilio, conmovieron al pequeño, quien se hizo a un lado para que el animal entrara a su cuarto. “La perrita también siente”, pensó Mateo, permitiendo que La Turquesa subiera a su cama y se metiera bajo las cobijas.