![]() |
| Celmira Romero. Foto: cortesía |
La voz dulce y taciturna de Celmira escuchada en el auricular ayer, me emocionó demasiado. Por un momento pensé que era un sueño. La conocí hace muchos años trabajando en Bogotá, oficina de Reiniciar, atendiendo a los desplazados por la violencia y el terrorismo de Estado, en el marco del genocidio contra el Partido Comunista y la Unión Patriótica. Una mujer menuda, quemada por las vicisitudes del desplazamiento tétrico. Su mirada de gaviota, se relacionaba con nuestra angustia a través de un gesto humano, sí, demasiado humano. Era complaciente con los que arribábamos de la provincia que poco y nada sabíamos de la metrópoli. Ella tampoco era de la ciudad, padecía en carne propia el cruel desplazamiento, las afugias de un sistema capitalista criminal, sistema depredador por excelencia, que poco y nada le interesa la dignidad humana.





