Por Agamenón
Con la resaca en pinta, el presidente Abelardo de la Espriella Otero, aparece en televisión con pinta de reina, mandando besitos a diestra y siniestra, y sonriente refiriéndose a los estragos del temblor que estremeció a la nación, dejando una secuela de muertos, heridos y desaparecidos en varios departamentos, el pasado 10 de agosto de 2026.
Hasta los mismos incondicionales seguidores criticaron esta postura grotesca y desalmado. “Es como yo ir a un velorio a echar cuentos verdes y celebrarlos con carcajadas estridentes, mientras los familiares del difunto sufren, padecen la pérdida del familiar”, dijo indignado un campesino del Cañón del Combeima. “Ese tipo ni tiene madre ni corazón”, agregó.
Su postura no fue la de un presidente que ama su pueblo y siente el dolor ajeno como propio. Nada de eso. Fue una postura de patán, de quien dice sin contraer un músculo de su rostro: Que el pueblo se muera no me importa. Me importa pantallar.
La tragedia es de gran magnitud. Al parecer tuvo su epicentro en un pueblito perdido en la espesa montaña del Chocó, llamado San José. Las ciudades más sufridas fueron Pereira, Cali, la región del Chocó. La cifra de muertos se aproxima a los doscientos según información extraoficial, mientras que los heridos, lesionados y contusos supera los seiscientos.
La solidaridad ha corrido por cuenta del mismo pueblo y organismos internacionales. Al decir de la gente, la acción del gobierno ha brillado por su ausencia, se ha sustentado en declaraciones y muy poca acción, cuando en un lamentable hecho de esta naturaleza, la acción debe predominar sobre la palabrería insulsa.
Como el inofensivo tigre de papel se negó a hacer el empalme, naturalmente no sabe qué tiene para estos casos y menos como actuar. Quizás por eso sale a reírse del drama y mandar besos a diestra y siniestra, convencido que, con esta actitud, los damnificados van a salir a agradecer el gesto.
El mandatario colombiano de los 1001 despachos supuestamente por todo el país, la mayoría parecidos a la Casa Blanca, no tiene respuestas concretas al pueblo damnificado, no es su interés, su prioridad, al parecer, su interés por estos días, es el viaje a Israel a recibir órdenes del genocida Netanyahu. Si se hiciera hoy una encuesta de popularidad del mandatario, necesariamente tenía que alterarla para poderla publicar, sobre todo teniendo en cuenta la genuflexa postura de los medios de comunicación.
El Partido Comunista Colombiano, Local Ibagué, lamenta el suceso que tiene en vilo a Colombia, destaca la solidaridad del pueblo y critica la postura del presidente Abelardo de la Espriella Otero. El dolor nos une, nos hace hermanos. No es un show para salir a la televisión a reír y mandar besitos para todas partes. Es un momento de dolor que se debe asumir con seriedad propia de un gobernante decente y amoroso con su pueblo.

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