viernes, 7 de agosto de 2026

Gustavo Petro y el pintor Jaime Rojas develan el retrato presidencial este lunes, en la Casa de Nariño en Bogotá. Foto: EFE

Por Nelson Lombana Silva

El fantástico poeta chileno, Pablo Neruda, escribió el verso: “Es tan corto el amor y tan largo el olvido”. Los cuatro años de amor se esfumaron casi por sortilegio, mientras que la noche oscura sin comenzar ya parece una eternidad. La diferencia es bien marcada y eso lo sabe el pueblo colombiano. Donde antes estaba la vida, ahora pretende anidar la muerte; donde antes brillaba la certeza, ahora pretende brilla la incertidumbre. Termina el gobierno de la vida y se anuncia el gobierno de la muerte.

Es la tragedia de Colombia fruto de un monumental fraude electoral presentado el pasado 21 de junio de 2026. Fraude que todo el mundo lo sabe, menos las autoridades competentes, autoridades enfermas por la corrupción y la miseria humana, autoridades pusilánimes ceñidas a los libretos perversos del presidente norteamericano, Donald Trump.

El mutismo perenne de los consorcios informativos, no ha sido impedimento para conocer la obra del ex presidente, Gustavo Petro Urrego. Ella no quedó en las gavetas de la Casa de Nariño, quedó en la conciencia del pueblo colombiano. Por eso, por primera vez este 7 de agosto para este pueblo brutalmente engañado y explotado por esta oligarquía, resulta nostálgico. Sí, nostálgico porque se va de la Casa de Nariño el mejor presidente de la república en casi 200 años de vida republicana.

Haber sorteado tanta infamia, calumnia, montajes, intentos de asesinato, es sin lugar a dudas una proeza, fruto de la tenacidad, la honradez de un presidente que no llegó allí a robar, sino a sentar las bases de una nueva sociedad. Su mandato fue transparente y cristalino, revolucionario y progresista, con grandeza sembró en lo más alto de la patria la semilla de la esperanza y, sobre todo, la certeza de que otro país sí es posible, sin explotadores y explotados.

La continuidad de este proceso revolucionario debería haber sido lo ideal. Pero la trampa y la marrullería se impusieron con fiereza. Se perdió una batalla, no la guerra. El sueño de libertad y justicia social laten más que nunca en estos momentos en el corazón de millones y millones de colombianos y colombianas. No hay pánico, menos desilusión en el pueblo, hay ganas de luchar, corregir lo que haya que corregir y avanzar en el proceso unitario alrededor del Pacto Histórico. Hoy nos toca luchar contra la injusticia, la criminal oligarquía liberal-conservadora, pero también contra el fascismo. Podrá esta putrefacta oligarquía en contubernio con Estados Unidos, matar a muchos y muchas, pero jamás el sueño de libertad, justicia y socialismo.  

Gracias expresidente Petro por lo que hizo con los ancianos y ancianas, los campesinos y las campesinas, los indígenas y las indígenas, la juventud y los estudiantes, la salud y la educación, la paz y la justicia social. Gracias por tan encomiable gestión que rebasó las expectativas. Su obra seguramente será superada por otro gobierno socialista, jamás por uno de derecha o de extrema derecha.  

Nuestro compromiso como pueblo es no olvidar, siempre tener en la memoria la gran obra de Gustavo Petro Urrego y el compromiso de continuar la lucha política e ideológica contra viento y marea. Avanzar es la consigna. Será el mejor monumento que erijamos a la obra del presidente del cambio. El porvenir no es de la corrupta burguesía, el porvenir es del pueblo colombiano, debidamente politizado y organizado. Por eso, decimos a todo pulmón: Gracias expresidente Petro, ¡hasta la victoria, siempre!

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