jueves, 6 de agosto de 2026

La cultura basura esclaviza, no libera

El peor analfabeto es el analfabeto político. Bertolt Brecht
Por Nelson Lombana Silva

La cultura capitalista es basura que sirve más para alienar y embrutecer al pueblo humilde, trabajador y emprendedor, naturalmente en defensa de los intereses de los grandes capitalistas. El cultor despolitizado y analfabeto se presta sin sonrojarse o cuando más por el ansia de un puestico o las migajas que suelen caer de la mesa del rico Epulón. No tiene espíritu crítico y analítico, no piensa con cabeza propia, piensa con el estómago, se contenta con repetir maquinalmente el discurso de la clase dominante sin quitarle una coma.

En la pasada contienda electoral, un sobrino que nunca me llama, me llamó para pedirme que votara por el ateo-cristiano y narco Abelardo de la Espriella. Sin ocultar mi asombro le pregunté por qué había que votar por este malandrín. Me asombró aún más su respuesta. Dijo sin omitir una coma el discurso mediático de RCN, Caracol, El Tiempo, El Espectador, la Revista Semana, etc.

Medios hegemónicos. Foto internet

Eso lo dicen los medios de comunicación, le dije. Cierto, me contestó, es la verdad y nada más que la verdad. Ningún argumento fue válido para hacerlo cambiar de opinión, la fidelidad a la ideología dominante fue superior. Todavía piensa que fue un gran acierto haber sufragado por ese mafioso. Que no le volverán a dar platica a los ancianitos, eso no le importa porque tiene un par de almuerzos adelantados. Que la juventud tiene que ir a pagar el denominado servicio militar y colocarse de carne de cañón de un crudo conflicto tampoco le importa porque sus hijos e hijas no tienen las respectivas edades. Que volverá la negra violencia, tampoco le incumbe porque está seguro que la muerte y la tragedia, pueden llegar hasta donde el vecino, no hasta su finca y casa.

Piensa, seguramente, que el terrorismo de Estado, tal como el que padecimos con Julio Cesar Turbay Ayala con el Estatuto de Seguridad, Virgilio Barco Vargas con el exterminio del Partido Comunista y la Up o los ocho años de terror de Álvaro Uribe Vélez, para solo colocar unos pocos ejemplos, es cuestión del pasado y que con “el tigre” será otra muy diferente, pues está seguro que correrán ríos de leche y miel por todas las cordilleras y altiplanicies de este lacerado país.

Desconoce la historia de cabo a rabo. No le interesa el conocimiento científico, solo piensa en acumular fortuna, así esta esté impregnada de sacrificio y dudosa procedencia. Quitarle el derecho a su madre, los recursos que por derecho propio le pertenece, no es inconveniente. Tal es su forma economicista de pensar. Ah, pero a renglón seguido se declara católico, apostólico y romano.

¿El caso de mi sobrino es único en Colombia? Por supuesto que no. La ideología dominante en el país es la burguesa. Por eso, el pueblo siendo pobre, piensa como rico y está dispuesto a morir por defender la clase oligarca, la clase burguesa. ¿Ama las cadenas de la sumisión? Posiblemente.

Pero, también podría pensarse que en el fondo de su corazón piensa que puede ingresar, tarde o temprano en ese estrecho círculo dominante, lo cual es una utopía imposible de concretar en la práctica. Podrá soñar e intentar, pero las leyes capitalistas lo impedirán.

Ningún capitalista alcanzó su fortuna honradamente. Fue fruto del hurto, de pasar sobre montañas de injusticias, explotando al obrero sin consideración alguna. Pero mi sobrino no sabe esto, porque siente fobia hacia los libros y desgano a la lectura y al análisis crítico y analítico del acontecer diario. Solo piensa en ser rico y adinerado, no importa que sea un borrego cargado de dinero. Le rinde culto a la cultura basura de la burguesía, aquella que le rinde culto a la sumisión y a la resignación con el cuento peregrino que Dios proveerá. Esa cultura basura que practica el cuentista intelectual que vende sus conocimientos al mejor postor, está convencido que cultura también es una mercancía que se vende al mejor postor y que está diseñada para alienar y embrutecer a la comunidad, por el ansia de un miserable peso mal habido.

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