sábado, 28 de octubre de 2017

Con humanismo Cuba enfrenta el flagelo del Sida


Doctor Leonides Leonel Peña Pérez. Foto. Nelosi
Por Nelson Lombana Silva

Creo que el tercer día de estar en la clínica Cira García de la Habana (Cuba), llegó el doctor Leonides Leonel Peña Pérez con dos libros, uno de ellos sobre el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) y el otro: “Selección de lecturas sobre la República”, compilador Enrique Moreno Pérez. Después de saludarme efusivamente como todos los días, me dijo que me regalaba de los dos libros uno, que el que hablaba del Sida no, porque era de estudio en la clínica. “Siendo así – le dije – leeré de primera este libro, pues quiero saber cómo Cuba enfrentó y enfrenta este flagelo del Sida”.


Por supuesto que hice una lectura rápida exploratoria del texto, quedando gratamente impresionado de la forma como este país socialista enfrentó lo que fue considerado en su momento la enfermedad del milenio. No hay duda: Cuba enfrentó el Sida con decisión y humanismo, es más, lo sigue enfrentando, mientras busca una vacuna que elimine este flagelo.



“SIDA: Confesiones a un médico”, es el nombre del libro cuyo autor es Jorge Pérez Ávila. El primer caso fue detectado en 1986 en cubano que estaba en Maputo, capital de Mozambique, cumpliendo misión internacionalista por más de dos años. En este año se confirmaron 99 casos, en 1987, 75; en 1988, 93; en 1989, 123; 1990, 140. Al parecer la región más afectada fue Cabaiguán provincia de Sancti Spiritus. 

Durante el año de 2006, se detectaron en Cuba 1.120 nuevas personas infestadas, en el 2000 se habían detectado 21 personas mayores de 50 años, lo que representaba porcentualmente el 3.8 por ciento del total de ese período. En 2006, al diagnosticar 57 nuevos casos, las cifras indicaban un incremento en ese grupo etario  de 5.2 por ciento del total (página 200). El tratamiento antirretroviral IKP tenía como base la prueba Western Blot.

El caso fue atendido por el doctor Juan Carlos Millán, especialista en medicina interna, que se encontraba en entrenamiento en Francia

El paciente  remitido del hospital CIMEQ, tenía pérdida de peso, astenia, anorexia, plaquetopenía, anemia, leucopenia severa y síndrome edénico. Se pensaba que era el primer caso de Retrovirosis. Era Marcos. Su amante, por su parte, presentaba los siguientes síntomas: Aumento del volumen de los ganglios, malestar general, pérdida de peso, dolores musculares y fiebre. Los dos cumplieron una cita con el viceministro de higiene y epidemiología, doctor Héctor Terry.

Al salir la muestra positiva el gobierno cubano se puso en movimiento colocándose al frente como siempre el carismático comandante Fidel Castro Ruz. El Estado aprobó 2 millones de dólares para comenzar a implementar el plan para enfrentar esta peste que cobraba vidas en los cinco continentes, prácticamente. Se trataba de instalar inicialmente la máquina lectora de Elisa y la adquisición de 750 mil pruebas diagnósticas.

Marcos era oficial del ministerio del interior, combatiente internacionalista y militante comunista. Pensó que tenía cáncer. Al darse cuenta que tenía Sida le escribe al médico Jorge Pérez Ávila: “Lo recordaré siempre con cariño y respeto”. Fue trasladado al sanatorio de Santiago de las Vegas, allí se divorció y se casó con Luisa.

El mundo estaba convulsionado por la enfermedad que se afirmaba primero era exclusividad de los negros y de los homosexuales, pero que rápidamente se desvirtuó y poco a poco se fue abriendo la cruda realidad de que cualquier ser humano, independientemente de su condición social, étnico, económico y cultural estaba propenso a adquirir el virus.

Como suele suceder con bastante frecuencia, cientos de mitos se crearon alrededor del Sida. Incluso, se llegó a pensar que el virus se transmitía a través de la mirada o la saliva o también por el simple hecho de sentarse en un asiento donde antes había estado una persona infectada. Por lo tanto, la primera medida tomada fue aislar al paciente.

El diagnóstico médico que fue ampliamente publicitado en Cuba, señalaba que el virus se podía adquirir de tres maneras: Contacto sexual, por la sangre y por transmisión vertical madre a hijo en el parto o durante la lactancia. Esto ayudó a eliminar poco a poco mitos y creencias entre la comunidad sobre esta enfermedad.

Cuba trabajó intensamente. De 1986 a 2007, tomó 35.632.532 pruebas serológicas para detectar el VIH, detectándose 8.949 seropositivos, el 81 por ciento en hombres, 19 por ciento en mujeres. Además, se reportaron con Sida 3.387 y habían fallecido 1.643 personas. (Página 45 de este libro).

El tratamiento de esta enfermedad en la isla de la libertad durante el período 2001 – 2006, destaca que solamente ha muerto el 10.5 por ciento, debido al impacto del tratamiento antirretroviral. Entre las estrategias propuestas por los médicos cubanos para contrarrestar la epidemia, están: Estabilidad de la pareja, sexo seguro, la fidelidad y el uso del condón.

Los testimonios que aparecen en este texto son desgarradores. El Sida no respeta ni edad, ni condición económica, ni posición social, ni condición étnica. Es una cruda realidad cuya cura aún está en veremos, a pesar del esfuerzo que hace la comunidad médica en Cuba.

Sí vale la pena destacar la forma como el sistema socialista abordó la epidemia en este país caribeño. No lo hizo con un criterio económico, lo hizo con un criterio humano, postura que ha mantenido, lo cual hace saber que Cuba es uno de los países que mejor tiene controlada esta enfermedad infectocontagiosa a nivel mundial.

Esto y mucho más leí en este libro maravilloso, el cual “devoré” rápidamente para leer cinco libros más durante la estadía en esta clínica cubana, gracias a la generosidad del médico Leonides Leonel Peña Pérez.

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