
Camarada Luis Alberto Cortés Díaz, siempre militante de la izquierda colombiana. Foto Nelosi
Por Nelson Lombana Silva
El Partido Comunista es como una partitura, por lo menos es nuestro deseo, en la cual cada quien cumple una misión importante y significativa en su dinámica y en su histórica misión. Tanto una como la otra es digna de admiración, respeto y consideración. Si falla una parte, falla todo el andamiaje. Su horizontalidad resulta fundamental en su comprensión.
El camarada, Luis Alberto Cortés Día, resulta determinante en la dinámica del Partido en la ciudad de Ibagué (Tolima). Su labor silenciosa y tesonera se convierte en un baluarte que en modo alguno se puede desconocer y menos subvalorar. La distribución del semanario VOZ La verdad del pueblo en esta ciudad tiene enorme valor que algunos, desafortunadamente, no consideran así, de pronto porque consideran que hacer que el periódico de la imprenta llegue a sus manos, no hay trabajo, lucha, vicisitudes y compromiso.
De eso no hace caso el camarada, porque considera que su valor es básico para comprender claramente el momento político, en el país más incomunicado del mundo. Por eso, con persistencia, perseverancia y conciencia de clase, se preocupa de que el semanario llegue oportunamente al gentil lector, cada ocho días. Es oriundo de Guasca, Cundinamarca; hace más de treinta años está radicado en la ciudad de Ibagué. Sus padres se llamaban: Ismael Cortés Ramírez e Isabel Díaz Sánchez. Tiene cuatro hermanos: Tres mujeres y un hombre.
Fue feliz hasta los trece años, al lado de sus padres. Una vez murió su madre, su vida se convirtió en un verdadero calvario, teniendo que abandonar el hogar cuando su padre seis meses después de viudo, contrajo nuevamente nupcias. Las contradicciones con la madrasta fueron frecuentes, retirándose del estudio y encaminándose a Bogotá, donde hizo maniobras increíbles para vivir, estudiar y trabajar.
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| El distribuidor de VOZ La verdad del pueblo, Luis Alberto Cortés Díaz de paso por la biblioteca . Foto Nelosi |
Una vez cumplió los dieciocho años, se presentó a pagar el servicio militar. Después de muchos ires y venires, se incorporó a las filas del ejército nacional. Su padre quiso pagarle la libreta militar, pero, su decisión fue cumplir con este deber. De regreso a casa una vez salió de la institución castrense, considerando que las contradicciones con su madrastra continuaban, marchó nuevamente a Bogotá, empleándose como celador privado en varias empresas de vigilancia.
Al quedar en el pavimento sin posibilidad de trabajo, se cansó de pasar hojas de vida. Oyendo comentarios de Ibagué, un día decidió viajar, donde pernocta en medio de las más agudas limitaciones económicas. “Me mantengo con la ayuda del adulto mayor y la solidaridad de algunas personas”, señala.
Nunca ha militado en la derecha, siempre lo ha hecho en la izquierda. Durante un buen tiempo militó en las filas del Moir, se sostuvo allí hasta que su gran jefe Jorge Enrique Robledo, dio una voltereta de 360 grados volviendo a la derecha e incluso, extrema de derecha. Buscó contactos con el Partido Comunista. El camarada Raúl Rojas González, lo puso en contacto con el semanario VOZ La verdad del pueblo. Se enamoró de su contenido. Primero, se hizo amigo de los comunistas, comenzó a asistir a los actos que programaba el Partido, aprovechando para relacionarse con los cuadros. Finalmente, fue admitido en la célula Fidel Castro Ruz, donde se ha destacado por la difusión del semanario, su seriedad y compromiso. Opina, discute y acoge las tareas del Partido de la vida y de la esperanza.
El pasado 30 de enero, estuvo en la biblioteca Cañón del Combeima, en Villa Restrepo, leyendo y compartiendo experiencias. Además, recogiendo la nueva edición de VOZ. Está empecinado en terminar el bachillerato a sus casi 71 años de edad. Estudió hasta noveno grado en diversas escuelas y colegios del país. Es un cuadro humano, demasiado humano, quien concedió la siguiente entrevista a manera de reportaje:
- ¿Cómo fue su infancia?
Mi infancia al principio fue muy buena, porque tuve la dicha de estar al lado de mi madre, pero, desafortunadamente cuando fui a cumplir trece años, falleció. Mi papá enviudó y a los seis meses se casó. Me tocó por desgracia una madrastra, con la que no nos entendíamos, teniendo serios problemas. Fue tanto que estaba matriculado para hacer quinto de primaria, no cumplía los trece años. Hice cancelar la matrícula y me fui para Bogotá a trabajar por cuenta propia y a seguir estudiando. Busqué un colegio Distrital que se me facilitara. Trabajaba de día y estudiaba de noche. Muchas veces me cogía las dos de la mañana haciendo tareas. Dormía muy poco. A las cinco de la mañana me estaba levantando a hacer desayuno, preparar el almuerzo que llevaba a la empresa donde trabajaba. En ese entonces trabajaba en comestibles, una empresa propiedad de suizos.
Ahí, terminó mi infancia y siguió la adolescencia. Trabajé en diferentes fábricas y empresas, en diferentes trabajos, entre esos, en artículos metálicos para papelería, en una empresa de galvanizados. Cuando me acerqué a los dieciocho años de edad, me presenté voluntariamente a prestar el servicio militar y me aplazaban, tanto así que me presenté tres veces. En la tercera presentación ya estaba pasado de la edad, sin embargo, me citaron para los quince días siguientes y salí apto. En ese tiempo contaba con mi papá, el quiso pagarme la libreta militar con un amigo que trabaja en el DAS, pero yo no lo dejé, no lo permití, porque quería pagar el servicio militar. Así, me fui a prestar servicio militar, durante dos largos años, porque cuando el año 73, que cuando me fui a pagar el servicio, supuestamente salía en el 75, en vísperas de San Pedro, pero, lamentablemente, el gobierno decretó el Estado de Sitio, siendo presidente Alfonso López Michelsen. Ya habíamos entregado armamento, uniformes, dotaciones, nos tocó formar y recibir nuevamente la dotación y armamento y nos tocó que aguantarnos más de un mes para salir de prestar el servicio. O sea, que vine saliendo a finales de julio.
Regresé a la casa, pero sentía que no podía vivir por los problemas con la madrastra que había tenido antes, entonces regresé a Bogotá a seguir trabajando. Inicialmente en empresas privadas de vigilancia. Allí duré varios años. Creo que trabajé como trece años y medio en vigilancia, en diferentes empresas de vigilancia. Algunas de ellas muy buenas, como Seguridad Atlas de Colombia, como Seguridad de Colombia.
- Después de cumplir todo este ciclo, ¿Qué siguió para usted?
Con el paso del tiempo, ya con cierta edad, el desempleo, me cerraban las puertas, no hacia sino pasar hojas de vida, quedaban de llamarme y nunca me llamaban. Quedé desempleado. Escuchando tanto hablar de Ibagué, me dio por venir a Ibagué, me radiqué, ya llevo más de treinta años viviendo en esta ciudad, rebuscándome unas cosas con otras.
- ¿Cómo hace usted para sostenerse en una ciudad con tanto desempleo?
Al principio logré tuve la vigilancia de unas casas en el barrio Valparaíso. Llegué a la ciudad en un festival, entonces me conseguí una caneca y con el escaso dinero que traía, compré algo de cerveza y agua y en el desfile me puse a rebuscarme con el agua y la cerveza. Después me ubiqué en la vigilancia en las casas del barrio Valparaíso. Hoy me rebusco con el reciclaje, pintura a veces, la jardinería. Últimamente, prácticamente, no me ha salido trabajo. Durante un tiempo salía a ayudar a cargar acarreos, descargar frutas. Hoy, ni para eso me volvieron a ocupar. A duras penas sobrevivo con lo que me llega del adulto mayor.
- ¿Cómo llegó usted a conocer el Partido Comunista? ¿Cuál fue ese proceso político?
Muchos años atrás estuve militante en la Unión Patriótica. Pero antes había militado en el Moir, cuando habitaba creo que el barrio San Francisco, un barrio del sur de la ciudad en Bogotá, tuve contacto con la Unión Patriótica militando allí, durante un buen tiempo. Después por circunstancias que no recuerdo muy bien, volví a las toldas del Moir. Al llegar a Ibagué, averigüé contactos con el Moir y me contacté con el compañero líder del Moir en esta ciudad y seguí militando. Cuando se acabó la personería jurídica, cuando era el Polo Democrático Independiente, después cambió a Polo Democrático Alternativo. El líder nacional era Jorge Enrique Robledo. Cuando se vino su renuncia del Polo, coalición Polo Democrático Alternativo, pide la renuncia y crea su propio partido. Cuando comenzó a aliarse con Sergio Fajardo, a mi no me llamó la atención, no me agradó nada, abriéndome del Polo porque el Moir había perdido la Personería Jurídica, en unas elecciones porque se perdió el umbral. Políticamente era Polo Democrático Alternativo, entonces, viendo esas alianzas que estaba haciendo Jorge Enrique Robledo, me abrí del Partido y comencé a buscar al Partido Comunista. Llegué como amigo, simpatizante. Hoy, puedo declarar que soy militante porque hace un buen tiempo pertenezco a una célula.
- ¿Cómo se ha sentido militando en el Partido Comunista?
Bien, me he sentido muy bien, me he sentido cómodamente; al menos he visto que hay buen compañerismo con las compañeras, la amistad, las relaciones, el respeto, sobre todo la solidaridad. Ha habido algunas veces que compañeras y compañeros me han colaborado con ayuda solidaria, que me ha permitido sobrevivir y llevar esta vida. Ellos y ellas saben en qué situación vivo.
- ¿Le gusta la lectura?
Siempre me ha gustado la lectura. Desde que aprendí a leer, he sido amigo de la lectura. Me llama la atención la lectura constructiva, no gusto de literatura barata, sino lecturas que lo ayudan a uno en su formación y adquirir mejores conocimientos, superación personal. La literatura barata, novelas sin contenido social y político, lecturas que no traen ningún beneficio para la vida real como ciudadano y colombiano, no me gusta. Siempre busco lecturas buenas y constructivas que me ayuden a edificar intelectualmente.
- ¿Cómo llegó usted a relacionarse con el semanario VOZ La Verdad del pueblo?
La llegué a conocer, propiamente, cuando llegué al Partido Comunista y también conocí el periódico gracias al compañero Raúl Rojas González, que en paz descanse. En ese tiempo era el encargado del periódico, era el que lo vendía. Gracias a él tuve acceso al semanario VOZ.
Este semanario me ha gustado porque trae muy buenos temas, diversos, de cultura, economía, política, asuntos internacionales. Es variado, trae muchas cosas. Es un periódico muy diferente a los periódicos tradicionales, es un periódico alternativo, realmente le trae la verdad al pueblo.
- ¿Qué concepto le merece el surgimiento y desarrollo del movimiento Pacto Histórico?
Me ha parecido bueno. Pero, creo que ha faltado algo de unidad por parte de algunos grupos. Creo que no hay una completa unidad de todos. Si fuera total la unidad otro gallo cantaría, sería muy diferente. Me parece que ha habido divisiones, sectarismo. Eso no le ayuda mucho al Pacto Histórico. Lo que necesitamos es que todos estos movimientos que lo han conformado desde su comienzo, haya más unidad y más compromiso, para que sea un Pacto creciente y fortalecido.
¿Qué piensa usted de la candidatura presidencial de Iván Cepeda Castro?
Me parece muy importante, algo muy bueno, porque es un hombre, un personaje con gran trayectoria política, un tipo con experiencia, ha sido defensor de los Derechos Humanos, defensor de las víctimas, del genocidio de la Unión Patriótica. Es una persona humilde, sencilla, que siempre ha estado al lado del pueblo y que lucha por el pueblo

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