viernes, 9 de enero de 2026

Hoy funeral de la voz cantante de Anzoátegui, Tolima

Daniel Augusto Ávila Gómez, al lado de su mujer camisa a cuadros. Foto: Internet

Por Nelson Lombana Silva

El pueblo de Anzoátegui (Tolima) está de luto por la muerte sorpresiva, al parecer por infarto fulminante del hombre que le dio vida y dinamismo a este municipio desde su arribo, muy joven: Daniel Augusto Ávila Gómez. La noticia cayó como un baldado de agua fría entre quienes tuvimos la oportunidad de compartir parte de la vida al lado de este adolescente que llegó a la comarca, no sé de dónde, de la mano del sacerdote Pablo Antonio Quitora Gómez. La velación se realiza en la funeraria Los Olivos y las exequias se llevarán a cabo a partir de las dos de la tarde en la catedral ubicada en la plaza de Bolívar de la ciudad de Ibagué (Tolima).

Su formidable paso por este municipio, ubicado al norte del departamento, dejó huellas imperecederas, en el marco del dinamismo, los deseos infinitos de salir adelante y de paso contribuir al desarrollo de la comarca. Quizás mi hermana, con palabras sencillas, sabor a tierra, campesina, nos da una idea clara de lo que representó este líder en el municipio: “Desde que se fue Daniel Augusto Ávila Gómez, Anzoátegui murió”.

Salió de la nada. Se forjó en la adversidad de un sistema clasista y excluyente. Pudo escalar gracias a la tenacidad y al arrojo para sobreponerse a los múltiples obstáculos que hay a lo largo del camino. Fue un hombre de acción que hizo con Rodrigo Zambrano, toda una revolución artística, cultural, deportiva y comunicativa, dinamizando el pueblito eternamente escondido entre la espesa neblina gélida.

Fue acólito, durante gran parte del reinado del padre Pablo Antonio Quitora Gómez. Se relacionó rápidamente con las escuelas y el colegio ofreciendo dictar clases de música, fomentar la cultura, el deporte, el teatro, el sociodrama. Como sacristán del templo Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, organizó coros, sobre todo para semana santa y navidad. Se destacó por su creatividad y el carisma para convocar y liderar. Recursivo buscó su sustento y la dinámica de un pueblo taciturno.

Cómo no recordar las semanas santas o festividades de navidad con el liderazgo de Daniel Augusto, cómo no recordarlo “vestido de Papa”, organizando el combate boxístico entre Fidelito “Colmillos” Vs. Casitas, las jornadas deportivas, las jornadas de teatro, como la peligrosa escena de lanza cuchillos. La sencilla pero imponente ceremonia nupcial con la mujer de toda su vida: Nohemí Cardona. Hizo famosa la canción: “Tristezas del Alma”, cada que sonaba por los altos parlante del templo, la comunidad atenta escuchaba la información de la muerte de algún anzoateguiense.

Era sencillo y descomplicado con extraordinaria facilidad de expresión. Diríase que trataba con todo mundo, no había en él privilegios de ninguna naturaleza. Su ingenio era permanente. manejaba de la mejor manera las relaciones humanas, nunca generó un escándalo para lamentar. Decente y cordial manejó su vida con grandeza y gran espíritu ejemplar.

Fue pionero en la radio. Muchos recuerdan las acrobacias que hacia en las torres del templo para instalar las antenas. Fue alcalde municipal nombrado por Decreto. Luchó por el futuro del municipio sin cambiar de personalidad, conservó la humildad y sencillez, características propias de los grandes.

Era un abnegado animador. Como no recordar las más disímiles campañas de diversa índole. Por ejemplo, cuando en el centro del poblado por la calle El Ecuador, un deslizamiento amenazó con acabar esta vía. Sin medir consecuencias, instaló las cornetas y convocó al pueblo a adelantar una jornada de siembra de árboles que él mismo gestionó en Cortolima. Pedía para enfermos sin recursos económicos y muchas causas nobles. Daniel Augusto Ávila Gómez fue un gigante de la acción y la filantropía.  

Y, a pesar de ese comportamiento cristalino e impoluto, fue amenazado de muerte; seguramente fue lo que originó su desplazamiento de Anzoátegui. No paró en la lucha por sacar adelante su núcleo familiar. Los hizo profesionales junto a su esposa. Pudo decir con Pablo Neruda: “Confieso que he vivido”.

Al reiterar el sentido pésame a su distinguida esposa Nohemí Cardona, a sus hijos: Robinson y Arley, a sus familiares, amigos y relacionados, simplemente le decimos con el corazón: Muchas gracias por todo lo que hizo por Anzoátegui, eterna gratitud. Descanse en paz. Vivirá eternamente en la conciencia del pueblo que está dispuesto a continuar la marcha por una segunda y definitiva independencia. Hombres como usted, no mueren, porque permanecen eternamente en la conciencia del pueblo, son ejemplos de superación. Daniel Augusto Ávila Gómez: ¡Hasta la victoria, siempre!

No hay comentarios.:

Publicar un comentario