lunes, 29 de junio de 2026

A la hora del fascismo, resistencia popular en Colombia

 Resistencia popular en Colombia. Foto: Internet

Por Agamenón

Los cuatro años de esperanza y progreso que significó el Gobierno del Cambio en cabeza de Gustavo Petro Urrego, se disuelve en la tormenta de incertidumbre que significa el dudoso triunfo del señor Abelardo de la Espriella. No hay que ser mago para entenderlo, ni el objetivo crear pánico en el pueblo colombiano. Es advertir lo que significa la corriente fascista que encarna este personaje de nacionalidad gringa. Destripar a la oposición significa asesinar con sevicia, semejante a los crímenes horripilantes adelantados por Adolfo Hitler, no solo en Alemania, sino en muchas regiones del país. Quien se atreva a mirar las polvorientas páginas de la historia, seguramente estará de acuerdo con nuestra preocupación. El pueblo ahistórico ingenuamente pensará simplemente que estamos exagerando o sencillamente respirando por la herida de la derrota. Ojalá, fuera así, pero, la realidad es mucho más espeluznante y terriblemente realista. El fascismo se hizo carne en Colombia con la elección de Abelardo de la Espriella. El fascismo es la negación al respeto de los derechos humanos; contrario a la democracia, al humanismo y al respeto por la diferencia. El fascismo es muerte y destrucción, lágrimas y dolor, menosprecio por la vida, el amor y la cultura.

El pueblo colombiano es fácilmente manipulable por los medios de comunicación, la sociedad de consumo y las eternas promesas de los ricos. Tantos años que éstos han tenido como caballito de batalla la guerrilla y el pueblo sigue creyendo ciegamente en lo mismo. Con toda seguridad dentro de cuatro años volverán a desempolvar el mismo argumento y seguramente un montón de analfabetas políticos volverán a creer en lo mismo, y volverán a votar miedosos con el mismo fantasma de la guerrilla, sabiendo que no existe, que fue pasado. El méndigo volverá a decir que tiene que votar por la derecha porque la guerrilla es un peligro, sabiendo en el fondo de su corazón que no existe. En el eventual caso que existiera, ¿Qué le puede quitar la guerrilla a un méndigo?

A Colombia le esperan momentos difíciles: Fumigación aérea con glifosato, no para afectar a los grandes negociantes del negocio del narcotráfico, ellos tendrán licencia por parte de Estados Unidos y Abelardo de la Espriella, para aumentar el dinero sucio en los paraísos fiscales, sacando naturalmente, el presidente electo, jugosas ganancias. Gustavo Petro no persiguió al jíbaro o consumidor de drogas, persiguió a los grandes magnates nacionales e internacionales que se lucran de este maldito negocio que hace parte directa de la economía de Estados Unidos. De la Espriella ha dicho que va construir cárceles para meter allí a que se pudran, jóvenes, hombres y mujeres que sean sorprendidos metiéndose un “cachito”. En cambio, no dice nada de los multimillonarios que negocian con la droga.

Desplazamientos a granel de campesinos y campesinas asustados por el estruendo de las ametralladoras y las bombas sobre vastas regiones del país. Ya se están presentando desplazamientos en algunas regiones de Colombia, campesinos que recibieron tierra y que seguramente la extrema derecha quiere que regresen a manos de los despojadores. Seguramente, aumentara exponencialmente los asesinatos y desapariciones.

Ha dicho de la Espriella que borrará entes como la JEP, para que vuelva la impunidad y los procesos mueran en los juzgados sin que el afectado sea indemnizado. Todo esto será terriblemente invisibilizado por los medios masivos de comunicación. Todo parecerá normal y el pueblo analfabeto dirá sin sonrojarse: Exageración de la izquierda, calumnia del “comunismo”.

La respuesta será la resistencia popular

La única forma de contrarrestar esta especie de “crónica anunciada” será la resistencia popular en las distintas regiones del país. Para ello, resulta fundamental tres cosas: Uno, hacer un balance meticuloso en la región directamente con las comunidades. No debemos esperar exclusivamente lo que se recete desde Bogotá, eso será apenas un insumo para la discusión y el análisis crítico y autocrítico. Dos, planear la resistencia desde las regiones de una manera que haya articulación nacional desde éstas. Que exista una doble vía, partiendo siempre de la realidad concreta de la región. Tres, que se mantenga una combinación teórica-práctica. La lucha por erradicar el analfabetismo político debe ser permanente, desde las realidades concretas en cada región o territorio. Decir y hacer. En esa dinámica plantearnos con claridad las elecciones de mitaca. Debemos hacer todos los esfuerzos por buscar colectivamente candidatos unitarios para las Juntas Administradoras Locales (JAL), Concejos Municipales, Alcaldías, Asambleas y Gobernaciones. Agitar programas creíbles y unitarios. No estar supeditados únicamente a lo que diga el cacique de turno, hay que estar supeditado a la asamblea amplia, democrática y participativa para seleccionar los candidatos y las candidatas. Apoyar la participación femenina y la juventud, pero con mérito y trabajo demostrado. Eso implica evitar al máximo los paracaidistas de última hora que salen del cubículo mágicamente, para no decir, oportunistamente.

Hay que prepararnos y no esperar a última hora como ha venido sucediendo. La vergüenza de los famosos avales no se puede repetir. Qué horror y qué error. El pueblo no se rinde, carajo. A la carga, diría Gaitán.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario