jueves, 8 de enero de 2026

“Si la cosa es así, ¡grave!”

Foto: Chamuco Media

Por Nelson Lombana Silva

Caminando por las laderas del municipio de Anzoátegui (Tolima), encontré a un viejo amigo, más o menos contemporáneo. Estreché sus encalladas manos con alegría. Bajo la neblina densa y el amago de lluvia comentó con cierta alegría: “Al fin cogieron a ese dictador venezolano”. Inmediatamente, me di cuenta que estaba repitiendo maquinalmente el relato mediático de RCN, Caracol, El Tiempo, El Espectador y la revista Semana, entre otros. Advertí en su rostro quemado cierta satisfacción. Comprendí, entonces, una vez más el daño que estos medios de comunicación de la gran oligarquía liberal-conservadora hacen, pues su misión no es informar con objetividad, sino desinformar.

Sin perder la calma, disimulando la ansiedad, le contesté en voz baja que el suceso era trágico para los pueblos del continente y del mundo. Dejó escapar una risotada estridente. “Ese man es un dictador”, insistió.  “Si fuera un gobernante bueno ese gobierno qué lo iba a apresar, es un dictador”, insistió convencido sin dejar de reír. “La misma suerte correrá el señor Petro”, se lo canto de una, estimado amigo.

“Insisto en que el suceso presentado es de suma gravedad, apreciado amigo y le voy a colocar un ejemplo práctico, sencillo, para que lo analice, porque sé que usted es inteligente, lo que sucede es que está totalmente desinformado como la gran mayoría del pueblo colombiano”. Mi amigo, volvió a reír y recostándose en el barranco de tierra amarillenta se cruzó de brazos. “Desembuche”, dijo con cierta ironía.

“Mire usted, el secuestro del presidente Maduro de la hermana república bolivariana de Venezuela, podría compararse como yo llegar a su casa de la noche a la mañana con el cuento que en lo sucesivo yo ejerzo dominio sobre sus bienes. Así de sencillo. Así, pues, lo suyo ya no será suyo, tendrá que compartirlo conmigo con el agravante que yo tomaré la mejor parte. ¿Cómo le parece?”

Mi amigo frunció el ceño. Dejó de reír. “No jodas”, dijo. “La República Bolivariana de Venezuela es soberana e independiente, los problemas, aciertos o desaciertos, los asume el pueblo venezolano y autónomamente decide, meterse otro país para decidir su destino es un acto de intromisión que se debe rechazar. Usted es autónomo en su casa, en su finca, solo usted con su mujer y sus hijos, deciden qué sembrar, qué cosechar, como gastar la ganancia o cómo superar las pérdidas”.

“Que otro hijueputa me diga qué debo hacer con lo mío y se meta a la fuerza a mi finca, ¡Mamola!”, dijo ruborizado. “Eso es lo que ha pasado en Venezuela. Allí, se está construyendo un sistema económico, distinto al sistema que practica Estado Unidos. El pueblo lo ha decidido. ¿Por qué tiene que intervenir Estados Unidos? Es un irrespeto y en términos diplomáticos es una violación fragante al Derecho Internacional Humanitario y a los mismos Convenios Internacionales”, le contesté.

“Pero, hay una cosa: La prensa dice que Maduro Moros es narcotraficante, el jefe del cartel del sol y que está inundando las ciudades de Estados Unidos. Siendo así, es obvio que este presidente Donald Trump actúe de esta manera. ¿No le parece?” “Que fuera así, habría una remota “justificación”, pero no es cierto. Primero, porque Estados Unidos mueve gran parte de su economía gracias al narcotráfico. Allí, están los bancos que lavan abierta y descaradamente los dineros sucios del narcotráfico. Es una doble moral. Este país no toca a un solo narcotraficante. Por el contrario. Es protegido. Eso lo denunció recientemente el presidente colombiano Gustavo Petro Urrego”.

Mi amigo me miró pensativo. “La cosa no es tan simple como pensaba. Si es como usted dice, hay que desaprobar el secuestro de ese señor y su esposa. No tengo por qué meterme en los asuntos internos de las demás personas, pues se supone que somos libres, independientes y soberanos. ¿No es así?”, dijo con seriedad. Sin embargo, me queda otro interrogante: ¿Por qué lo hizo realmente, asesinando a más de cincuenta personas cubanas y dizque rusas que actuaban como escoltas del presidente Maduro?”.

“La crisis estructural de los Estados Unidos es inmensa, en todos los campos posibles. Su muerte es inevitable. El desespero es extremo. Secuestrar al presidente Maduro y a su esposa, en modo alguno es un acto de valentía, es un acto supremo de cobardía. Es como un joven robusto de dieciocho años enfrentado a un niño raquítico de once o doce años. ¿Hay igualdad de condiciones? Por supuesto que no. A Estados Unidos no le interesa acabar con el negocio del narcotráfico, lo que le interesa son los recursos naturales de los países débiles. En el caso de Venezuela, el principal: El petróleo. Esa es la razón principal para violar las normas internacionales de convivencia y secuestrar al presidente. La avaricia por los recursos naturales de esta nación, además del petróleo, el oro, las esmeraldas, el coltán, el agua, los bosques, etc. Esa es la verdad”, terminé diciendo, dando por terminado el encuentro y la conversación.

Todavía mucho pueblo desconoce el fondo de la postura imperialista de Estados Unidos, la gravedad del suceso presentado en la hermana república de Venezuela. Piensa que no es trascendente y repitiendo como loro el relato mediático, considera aquello como algo sin valor, sin importancia. Ni imagina siquiera que estaríamos ad portas de una tercera guerra mundial, por la locura avara de Estados Unidos. Desconoce que estamos viviendo sobre un verdadero polvorín que por un simple error se podría borrar todo rastro de vida en menos de cinco minutos

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