domingo, 30 de diciembre de 2018

La violencia es obra de la clase dominante


 Por Nelson Lombana Silva

 Si el pueblo tuviera claro el origen de la violencia en Colombia, seguramente asumiría una postura distinta frente a este fenómeno, sabría determinar quienes son los causantes, por qué y para qué. Es más: Tendría claridad sobre la forma de superar este estado y abrazar con donaire la paz con justicia social.


El pueblo no tiene claro todo este tejemaneje terminando por condenar a los inocentes y absolver a los culpables. Los 10 millones de colombianos y colombianas que votaron por Iván Duque Márquez, seguramente están metidos en este paquete, lo mismo que la inmensa mayoría de abstencionistas.

En su analfabetismo político y prisioneros de los aparatos represivos del Estado, estos colombianos y colombianas, creen ciegamente que los responsables de la violencia son todos aquellos que protestan y exigen un cambio de modelo de gobierno. Así, los responsables de la violencia en Colombia son la guerrilla, los partidos de izquierda, entre ellos, el Partido Comunista. “El gobierno nacional nos responsabiliza de todos los males que suceden en Colombia. Si llueve es culpa de la guerrilla, si hace sol es culpa de la guerrilla, si los obreros salen a protestar a la calle, es culpa de la guerrilla”, decía el comandanta supremo de las Farc – Ep, Manuel Marulanda Vélez.



Los secuestrables de este país, hace unos cuantos años, convocaron una movilización nacional contra el secuestro, utilizando para ello los medios masivos de comunicación. La impetuosa y desalmada publicidad puso reloco al país nacional, saliendo casi todo a marchar y a rechazar el secuestro. Se coreaba con frenesí la consigna: “Abajo el secuestro, abajo el secuestro”.

Parado en la calle 19 con carrera quinta en la ciudad de Ibagué (Tolima), observé con detenimiento el desenvolvimiento de la nutrida marcha. Imaginaba que ésta estaría encabezada por los “riquitos” de la ciudad, pero no fue así. Era el pueblo raso y descalzo el que marchaba con el puño erguido desafiante.

Me acerqué y abordé un trío de descamisados ya con la voz ronca y les hice la pregunta del millón: “¿Temen ustedes ser secuestrados por la guerrilla?”. Los tres personajes me miraron asombrados. Uno de ellos, titubeando, me dijo: “El secuestro para nosotros sería una bendición, porque aseguraríamos seguridad, alimentación y hospedaje”.





Me sorprendió esa respuesta. Sin embargo, les contesté: “Estamos de acuerdo, los que deberían estar marchando en Colombia hoy, son los verdaderos secuestrables. El grupo Santodomingo, Carlos Ardila Lule, el grupo AVAL, los Cacaos de Medellín, etc.”.  “Esos hijueputas mantienen más escondidos, ¿Quién los va a secuestrar?”, me dijo uno de ellos, mientras avanzaba, bajo una luna de sol espléndida hacia las 11:00 de la mañana.

¿El pueblo ama sus cadenas? No, no las ama, lo que sucede es que está totalmente alienado, desinformado y atemorizado. El poder represivo del Estado capitalista es brutal, salvaje.

La verdad es que la clase dominante para sostenerse allí, debe acudir a la violencia, al terrorismo de Estado. Lo mismo que sucedió con la religión católica: Fue impuesta a sangre y fuego. Al llegar los españoles a América el 12 de octubre de 1492, ellos traían la biblia y nosotros teníamos la tierra y en un abrir y cerrar de ojos, ellos se apoderaron de la tierra y nosotros de la biblia, lo relata muy bien Eduardo Galeano.

La burguesía va contra la naturaleza humana. El ser humano no puede vivir solo, es un animal sociable por naturaleza, dijo Aristóteles. El capital es una actividad colectiva, ¿Por qué entonces las ganancias no son también colectivas? Es más: El único que produce es el obrero, el trabajador. En realidad el patrón es un parásito, no produce. Entonces, ¿Por qué tiene que quedarse con la mejor tajada?

Si el pueblo tuviera libertad para hacerse estas elementales reflexiones, con toda seguridad el rumbo de la sociedad colombiana sería otra totalmente diferente. Un país tan rico como Colombia, ¿Por qué miles y miles de niños mueren anualmente de física hambre? ¿Por qué el desempleo? ¿Por qué ricos tan exageradamente ricos y pobres tan exageradamente pobres? ¿Por qué tantos niños no pueden ir a la escuela, al colegio, a la universidad?

Esa realidad, hábilmente disfrazada y adormecida con el Valium mediático y la religiosidad, es la causante de la violencia, pero no por sí misma, sino por el accionar criminal de la clase dominante. Ella es la responsable de la violencia en Colombia. El cuadro ha sido desolador. La historia colombiana habla de nueve guerras civiles de gran magnitud y ocho de menor intensidad, según el maestro José  Ramón Llanos.[i]

El Tolima ha sido brutalmente azotado por éstas. El maestro Llanos, señala: “Rafael Pardo trae el siguiente balance de los resultados de la violencia en el Tolima: “Solo en el Tolima el gobierno departamental estimó que hasta 1957 se habían abandonado 93.800 propiedades rurales, se habían perdido 405 mil cabezas de ganado vacuno; 57 mil equinos, 57 mil porcinos, se habían destruido o quemado 34 mil casas de habitación y 13 mil construcciones de otro tipo”.[ii]

¿Quiénes son los responsables de este cuadro tan desolador y desesperanzador? La clase dominante. Nos dividió entre rojos y azules y nos mandó a la guerra, con el único propósito de que no fructificaran las ideas socialistas de Gaitán. Bien ha dicho el escritor William Ospina: La violencia de los cincuentas fue entre liberales pobres contra conservadores pobres.

Una vez se desangra el país, esta pútrida clase dirigente regresa al país y monta el Frente Nacional, toma la nación como una vulgar torta y la reparte por partes iguales, durante 16 años. Qué no ha hecho esta oligarquía contra el pueblo. De igual manera, se decidió que el poder es exclusivo de familias: Primero fue presidente Alfonso López Pumarejo, más tarde su hijo, Alfonso López Miquelsen; primero fue presidente Misael Pastrana Borrero, más tarde su hijo, Andrés Pastrana Arango; primero fue Eduardo Santos, después Juan Manuel Santos Calderón y así sucesivamente. Con razón dijo el escritor costumbrista Álvaro Salom Becerra: “Al pueblo nunca le toca”.

Ellos son los responsables directos de la violencia en Colombia con el aval de Estados Unidos, naturalmente. La incrementa y la degrada en la medida en que un amplio sector del pueblo comienza a entender el tejemaneje. La hace más agresiva y temerosa, junto a la corrupción en todas sus formas y manifestaciones, donde el caso Odebrecht es apenas un ejemplo. Hay por lo menos ya 8 millones 40 mil compatriotas que no tragan entero y han ido corriendo el velo oscuro y engañoso. Se han venido dando cuenta quién es el responsable de la violencia en Colombia, por qué y lo más importante: Cómo superarla. Los procesos siguen su curso y el secreto para que avancen es la unidad, la organización y la movilización de las masas. No hay otro camino.

[i] Revista taller No. 35. Agosto – septiembre de 2014. Página consultada 19.
[ii] Ibíd. Página consultada 20.

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