Por Agamenón
Por supuesto no hay desánimo por los resultados presidenciales del pasado domingo, hay es asombro y profunda preocupación. ¿Cómo puede presentarse tan abultado resultado por un homófono y misógino de un siniestro abogado de la mafia y el narcotráfico, que no gusta de la comida colombiana, no oculta el desprecio por los campesinos y los indígenas?
Es más: ¿Cómo pudo supuestamente votar el pueblo por un tipo que tiene nacionalidad estadounidense e italiana, que tiene sus intereses puestos en esos países, más que en Colombia? ¿Será que no sospecha esa masa colombiana que este personajillo, salido de la entraña de la mafia, va a dirigir un supuesto e hipotético gobierno en favor de Estados Unidos y de la oligarquía mafiosa de Italia?
A ese pueblo humilde y noble que votó por este candidato de la gran oligarquía, seguramente fruto del engaño, la manipulación, la promesa falsa y el analfabetismo político, llamo con respeto y admiración, quizás a no creer en lo que estoy diciendo, porque seguramente va a pensar que es por rabia de haber perdido en la primera vuelta, cuando en realidad ni yo, ni el mismo compañero Iván Cepeda Castro, somos perdedores, son perdedores los que votaron por el señor Abelardo de la Espriella, totalmente engañados, seguramente alimentados por el fanatismo y el sectarismo.
Qué les propongo. Que escuchen muchas voces, que analicen y asuman una posición propia, autónoma. No traguen entero y piensen un poco en el valor del voto. Con él está definiendo su futuro, pero también el futuro de su familia, de su comunidad, del país entero. El voto no tiene precio. Es su dignidad, su razón de ser, la forma clara de expresarse y manifestarse. El voto no vale 50 mil o 100 mil pesos.
Una forma de confirmar lo que estoy diciendo es escuchando lo que el mismo candidato dice como gran lenguaraz que es. A manera de ejemplo: Dijo que acabaría con todas las reformas implementadas por el presidente Petro. ¿Qué significa esto? Que acabará con la reforma agraria en marcha en donde ha entregado cerca de un millón de hectáreas de tierra para que el campesino la haga producir con la ayuda del mismo gobierno. Acabará con la gratuidad de la educación, especialmente la universitaria, lo que significa que el pobre no podrá volver a las aulas. Acabará con el medio ambiente porque ha dicho abiertamente que implementará la explotación petrolera sin respetar zonas de reserva. Acabará con la ayuda de $230 mil pesitos para tres millones de viejitos y viejitas que en estos momentos disfrutan y pueden paliar en gran parte el hambre y el techo para vivir. Volverían los bombardeos de tierra arrasada; pararía las obras de los trenes para agilizar el transporte. Propone construir muchas cárceles, no para encarcelar a las ratas de cuello blanco, sino al pobre que no tiene para pagar un abogado.
Qué vergüenza que un personajillo de esta naturaleza nos represente a nivel internacional, sobre todo cuando el presidente Petro ha puesto la diplomacia en un sitial muy alto. No hay presentación. Pero insisto con toda honradez y respeto: No crea en estas palabras. Consulte otras fuentes, trate de leer, analizar, reflexionar y asumir una postura crítica y analítica. Solo de esta manera, va cediendo la sumisión y desde luego, el analfabetismo político. Usted no se puede volver a equivocar.

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