viernes, 22 de mayo de 2026

El legado cultural y artístico de Totó la Momposina

Totó la Momposina, la gigante del folclor caribeño. Foto internet

Por Nelson Lombana Silva

Por estos días la comunidad cultural y artística colombiana fue sorprendida con la noticia de la muerte de Sonia Basanta Vides, conocida universalmente como: Totó la Momposina, mujer que llevó el folclor caribeño por todo el mundo, dejando una huella imperecedera. Lo hizo con coraje, sobreponiéndose a las crudas adversidades inherentes al capitalismo. No tuvo el apoyo ideal del Estado, prácticamente con las uñas pudo poner a brillar el folclor, la cultura y el arte, especialmente del hermoso caribe colombiano.

Fue promotora tozuda de la identidad colombiana, reconocida universalmente por los alegres sones de su música ancestral, haciendo brillar la cultura con arrojo y dignidad patriótica. Nació el primero de agosto de 1940 en la pequeña y perdida población de Talaigua Nuevo, departamento de Bolívar, en la región de la isla de Mompox, a orillas del imponente río de la Magdalena.

Creció en una familia de músicos. Su padre Daniel Basanta era percusionista y su madre, Libia Vides de Basanta, cantante y bailarina. Desde niña aprendió a cantar y a bailar los hermosos ritmos africanos, indígenas y españoles con talento, caracterizando de esta manera la música mágica del caribe, como la cumbia, el porro, la gaita, la chalupa, el sexteto y el mapalé.

Comenzó su carrera artística musical formando un grupo familiar en 1964. Más tarde estudió en el conservatorio de la universidad Nacional de Colombia. Su familia salió con ella desplazada por la cruda violencia desatada por la burguesía liberal-conservadora, entre liberales pobres contra conservadores pobres, siendo apenas una niña. En Bogotá tuvo que padecer los rigores del racismo y el clasismo del régimen capitalista. Era mirada con desprecio por el color de su piel. Sin embargo, no se amilanó y luchó incansablemente hasta convertirse en una verdadera estrella, una auténtica embajadora del folclor caribeño, el cual irradió por Europa y el continente Latinoamericano. En 1982, acompañó con su grupo a Gabriel García Márquez, en la ceremonia en la cual la academia sueca le entregaba al escritor de Aracataca el Premio Nobel de Literatura.

Con las uñas y grandes afugias económicas en 1993, grabó el álbum: “La Candela Viva”, con el sello Real World, fundado por Peter Gabriel, consolidando su reconocimiento internacional. Era bailarina, maestra antropóloga musical, habiendo estudiado en la Sorbonne de París (Francia) y en instituciones de la Patria de Maceo, Mella, Fidel y Raúl Castro Ruz: Cuba, profundizando el conocimiento en los ritmos caribeños con sumo esplendor. Su música preserva y difunde las tradiciones culturales del oceánico caribe colombiano. Su mágico legado se inmortaliza a través de “los tambores de Totó”, dirigidos por su hijo, manteniendo viva la herencia musical de su familia. La gigante Totó la Momposina cantó con el alma, dándole brillo a la cultura caribeña, la mezcla que nos da presencia e identidad.

También fue ambientalista. “Como no, pero como no que uno tiene que hacer parte, si el río Magdalena y los árboles… ¿Tú te puedes imaginar el mundo entero sin árboles? Una tristeza. Los árboles tienen su trabajo. Ellos son los que hacen el contacto para que salgan las nubes y las nubes produzcan el agua. Los árboles son personas. Lo que vemos en las películas de los tiempos de antes, los árboles son personas vivas, solamente que son árboles”, dijo durante una entrevista televisiva, reafirmando su compromiso con el medio ambiente. “Para nosotras que manejamos la música ancestral eso es sagradísimo. Cuando usted está tocando un tambor, sabe que está tocando un regalo de la naturaleza”, agregó.

La gigante Totó la Momposina. Foto internet


Participó activamente de organizaciones ambientalistas encaminadas a rechazar la deforestación y la contaminación de la madre naturaleza en un sistema depredador por excelencia como es el capitalismo. “Hay que rescatar corazones, hay que rescatar el sentido de pertenencia a través de lo que Dios nos dio. El mundo entero cree que Dios no existe. Yo digo: Sí señor, existe. Lo digo porque lo sueño, sobre todo antes de un concierto”.

Totó la Momposina estuvo en Ibagué, durante la alcaldía progresista del doctor Guillermo Alfonso Jaramillo Martínez. Su concierto fue un espectáculo hermoso, lleno de alegría, vigor y amor impoluto por los rasgos culturales que nos dan identidad y sentido de pertenencia. Los asistentes vibramos con sus tambores, sus mensajes de vida, esperanza e identidad. Era una mujer alta, acuerpada con una facilidad espléndida para bailar y compenetrarse con el público.

Una artista que se hizo de la nada que ha partido a la eternidad dejando el inmenso legado que vale la pena trabajar con los niños y los jóvenes, como una manera de conservar y fortalecer nuestro folclor, nuestra identidad. Gracias Sonia Basanta Vides: Totó la Momposina, ¡hasta la victoria siempre!

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