
Sindicalismo en crisis. Foto: internet
Por Nelson Lombana Silva
Resulta imposible desconocer la profunda crisis del sindicalismo colombiano e incluso, mundial. Son muchos los factores que vienen incidiendo, uno de ellos es el desconocimiento de su verdadera misión por parte de la base militante. “Me gusta el sindicato en el cual milito porque nos lleva a pasear a la costa, nos da camisetas; critico mi sindicato porque este primero de mayo no nos dio gaseosa”.
Mi primera impresión impulsiva, es rechazar esa forma de pensar: El sindicato no es para eso, el sindicato es para ayudar a la formación ideológica y política del asociado, comprender la lucha de clases y asumir postura consciente y consecuente con la construcción de una sociedad sin explotados y explotadores.
El Sindicato es la escuela por excelencia que contribuye a la construcción del hombre nuevo del cual hablara Ernesto Che Guevara, una sociedad humana, justa, democrática y revolucionaria. Nada que ver con dar una camiseta o llevar a sus afiliados a la costa, o hacer rifas. Ese es un sindicalismo de papel, un negocio solapado de los directivos, básicamente para sacar dividendos personales.
“Hago parte de cinco sindicatos”, me dijo una compañera por estos días. “Me da a entender que usted desconoce la misión y la filosofía del sindicato”, le contesté.
Qué es el sindicalismo
El sindicalismo es una forma de lucha de la clase trabajadora. Su misión es defender sus intereses de clase del patrón, del jefe, de la clase dominante, la burguesía. En él caben liberales, conservadores, socialistas, sin partido, comunistas, etc. Solo los une el interés de protegerse de la voracidad del patrón y sus medidas represivas en el capitalismo.
Es decir, el sindicalismo surgió como producto de la lucha de los trabajadores por su estabilidad laboral y ciertas prebendas adquiridas a través de la lucha unitaria liderada por el sindicalismo consecuente y revolucionario. Así, pues, el sindicalismo es una trinchera de lucha de los trabajadores y las trabajadoras. No es una dádiva del patrón o empleador, es una conquista que se adquiere con la lucha unitaria y consecuente.
¿Por qué sucede esto? Sucede porque los intereses de clase entre el patrón y el obrero, son antagónicos, opuestos. El patrón le interesa dinero, capital, al precio que sea, honesta o deshonestamente, para lo cual le quita al obrero lo único que éste puede ofrecer: Su fuerza de Trabajo. Y, el obrero vende esta fuerza de trabajo, que es la que genera capital, riqueza, escasamente para subsistir él y su núcleo familiar.
Así, el obrero gana un salario de miseria que gasta inmediatamente lo recibe pagando el arriendo, los servicios públicos, la salud, la educación para sus hijos, comprando un traje, yendo al cine y un largo etcétera, mientras el patrón adquiere ganancia aumentando su capital, haciéndose más adinerado, sin trabajar. El secreto: La plusvalía, categoría de la economía que descubrió Carlos Marx y que habría que estudiarse con detenimiento y con el apoyo del sindicato. Desafortunadamente, el grueso del sindicalismo patronalista conciliador, no está por formar las bases, sino engañarlas para usufructuarlas, para lo cual utiliza artilugios perversos como el paseo, la fiesta, la comilona, la rifa de detallitos, el nombre de Dios, etc. Yo sé de un sindicato que todos los días repite maquinalmente lo mismo: “! ¡Dios lo bendiga, en nombre de Dios!” Utiliza el mismo lenguaje hipócrita y falso de la burguesía que dice combatir.
Lucha sindical
Digamos que hay dos tipos de lucha sindical: Economicista y Política. La primera responde al interés del salario y las reivindicaciones como aumento salarial, dotación, estabilidad laboral, pequeñas conquistas importantes, pero no definitivas. La segunda, obedece a la estructura política, cambio de modelo económico, supresión de las clases sociales antagónicas y cambios estructurales. Una verdadera y auténtica Revolución Socialista.
Como puede observarse la diferencia entre una y la otra es abismal. Sin embargo, no se pueden descartar. Es común encontrar sindicalistas de “estomago” que solo se dedican a criticar por criticar sin aportar nada. Solo acuden al sindicato cuando no le pagan el salario a tiempo, las prestaciones sociales o han cometido alguna falta.
No asisten a la reunión que convoca la directiva, no opinan, no están de acuerdo con la movilización, prefieren la concertación, incluso, la corrupción. Hay dirigentes sindicales que negocian con el patrón de espalda a la base, cambian la lucha por un cargo burocrático para un familiar o amigo especial, o un ascenso. Su filosofía tosca es: “Primero yo, segundo yo y lo que queda para mí”.
Miles de sindicalistas consecuentes y honestos han sido asesinados por el Estado Capitalista. Han caído villanamente. Se ignora el origen del día internacional de la clase obrera el primero de mayo. Muchos todavía creen que fue una dádiva del gobierno capitalista.
Creen ciegamente que todo es obra del espíritu santo, que fuimos producto de la creación, que es posible conciliar con el patrón, que debemos contentarnos con migajas. Planteamientos del más grande filósofo de todos los tiempos, Carlos Marx, sobre la historia es desconocida, la filosofía y la lucha sindical. Ni siquiera sabemos con certeza quién es dicho filósofo, menos como pensaba, cuál fue su aporte a la humanidad, cuya vigencia no admite discusión.
La obra de Carlos Marx
La ignorancia es atrevida, impide pensar por sí mismo, acudiendo generalmente a lo que diga el otro quizás más desinformado que uno mismo. De alguna manera, amamos las cadenas de la esclavitud. Siendo pobres, no dudamos en defender los intereses de los ricos. Adoramos las sogas que nos atan, simplemente por el desconocimiento, la ignorancia política, el miedo al cambio y, desde luego, por la pereza a no leer, indagar, preguntar y analizar. Los aparatos ideológicos del establecimiento cumplen su sagrada misión de adormecernos y aislarnos de la realidad concreta.
¿Sabe usted con certeza quien es o fue Carlos Marx? De nacionalidad alemana, nació el 5 de mayo de 1818 y murió el 14 de marzo 1883, en la capital de Inglaterra, Londres. Padre de varios hijos. Estudioso profundo y analista oceánico. Filósofo, economista, revolucionario y comunista.
¿Cuál fue su principal aporte al desarrollo de la humanidad? No hay dudas: El desarrollo del materialismo histórico y dialéctico, factor que revolucionó la forma de entender la sociedad, la historia y la economía. Develó la lucha de clases y mostró el camino de superar esta división mediante la Revolución Socialista, que implica la construcción de una nueva sociedad sin explotados y explotadores.
Develó desde el terreno de la economía el robo descarado al obrero por parte de la burguesía a través de la plusvalía. Demostró que quien realmente produce es el obrero, el patrón es un simple parásito oportunista. Es más: Demostró científicamente que el capital es una actividad colectiva. Hace parte de un período de desarrollo de la humanidad, pues éste surge de las entrañas del feudalismo y perecerá en las entrañas del Socialismo. En la tesis sobre Feuerbach, sostiene que no se trata únicamente de interpretar el mundo, de lo que se trata es de transformarlo. Aquí, cabe la discusión bizantina y vacía sobre si Dios existe o no existe. Creer o no creer es una decisión personal. Así, pues, si quiere creer, pues crea; si no quiere creer, pues no crea. Lo fundamental es la unidad de creyentes y no creyentes para la transformar la realidad concreta de la humanidad. La teología de la liberación arroja luces importantes sobre el particular.
Lo importante del pensamiento de este filósofo, es que no crea fórmulas estáticas e inmutables, su pensamiento se convierte en una guía científica para la acción revolucionaria que está sujeta a las condiciones concretas y objetivas de cada país o región y del mismo momento histórico que esté viviendo la humanidad. La razón es elemental: Todo está en constante movimiento. Lo que hoy es nuevo, mañana será viejo.
Lo importante del pensamiento marxista es que no se aparta un milímetro de la ciencia, no hay en sus tesis especulación o interpretaciones fantásticas. La ciencia se alinea con la práctica. Es decir, todo concepto es científico siempre y cuando se pueda demostrar a través de la práctica. El marxismo se fundamenta en este criterio. Por eso, permanece vigente en la historia de la humanidad, porque se basa en la cientificidad.
Dice el maestro del proletariado Carlos Marx: “El problema de si el pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica en donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico”.[i]
Desde esta perspectiva es que me río de esos supuestos sindicalistas de estómago que solo piensan individualmente y no colectivamente como debería ser lo correcto. De esos revolucionarios de pacotilla que no desarrollan la política del Partido Comunista en sus células, no asisten, no participan, pero sí están constantemente a la caza de alguna prebenda, por pequeña que ésta sea. Esos que le huyen a la crítica y a la autocrítica, detestan la moral revolucionaria y llegan a los puestos de dirección con triquiñuelas y sin ninguna formación política, orgánica y ética.
A manera de síntesis
El sindicalismo es una forma de lucha de la clase trabajadora, es una conquista fruto del sacrificio y la conciencia social y de clase. Es una lucha que ha puesto mucha sangre y horror: Tantos asesinados, tantos torturados, tantos desaparecidos. Por eso, resulta indignante la postura del “sindicalismo economicista”, el “sindicalismo de rodilleras”, “el sindicalismo de estómago”, que desafortunadamente, hace carrera en Colombia.
La única central clasista que existía en Colombia era la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), hoy está permeada por oportunistas y esquiroles. Una crisis que hay que superar con decisión y coraje, para lo cual se debe combinar dialécticamente la teoría con la práctica, en el marco de la honestidad y la ética revolucionaria.
La lucha sindical es también la lucha política. Causa hilaridad escuchar a sindicalistas afirmar que no le metan política a las discusiones sindicales, que la lucha sindical nada tiene que ver, por ejemplo, con la campaña del Pacto Histórico para llevar a la presidencia al compañero Iván Cepeda Castro el 31 de mayo. Estos “curtidos pensadores” no son ni chicha ni limonada. No obstante, su postura favorece a la clase dominante, al patrón y perjudica en grado sumo al pueblo y más concretamente al pobre sindicalista que piensa así.
No hay situación más desconcertante que un sindicalista que piensa que una cosa es el sindicalismo y otra la política y que entre una y la otra no hay relación. Es como la niña sindicalista que afirma que es mejor el ahorro privado que el público. Desconoce de cabo a rabo que la concepción de que es mejor lo privado que lo público, nos lo ha impuesto a sangre y fuego la clase dominante, la burguesía.
El sindicalista consecuente se preocupa por la unidad, lucha por conquistas colectivas, se preocupa por aprender, no se engaña así mismo, siempre está dispuesto a luchar, a rescatar la moral revolucionaria y a aportar al proceso de cambio. No es egoísta, no es deshonesto, prefiere la lucha colectiva, unitaria y combativa. Entiende que la lucha sindical es una forma de pelear no solo por los obreros de determinadas empresas, sino por todos los obreros del mundo, porque somos internacionalistas. Tenemos claro que no luchamos por migajas, sino por derrotar el régimen capitalista y sembrar las bases del socialismo. ¿En cuál bando está usted, hermano sindicalista?
[i] Semanario VOZ La verdad del pueblo. Edición 3318 semana del 29 de abril al 5 de mayo de 2026. Página consultada 18.
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