miércoles, 30 de septiembre de 2026

Mis hermanos los árboles

 

Imagen internet

Cuento

Por Nelson Lombana Silva

Bajo la espesa lluvia apareció Don Arcadio comentando que había consultado sobre la importancia de los árboles. No dudó en considerarlos: “Mis hermanos”. Mi abuelo lo miró sorprendido pensando que se había vuelto loco. Dianita, la niña de los ojos negros, soltó una carcajada estridente, mirando el labriego de pies a cabeza.

Don Arcadio no se amilanó por la reacción del hogar. Por el contrario, consideró que era tierra fértil para sembrar y hacer producir lo que tanto necesita la humanidad: Conciencia ambiental. Despojándose del abrigo, paso entre paso, entró al largo y estrecho corredor de madera sin pulir. Su rostro macilento, cansado de tanto vivir, en modo alguno demostraba frustración y derrotismo.

Se acomodó en la larga banqueta de madera tosca, dejando escapar lamentos propios de la vejez. Mi abuelo lo apreciaba por su vida transparente, fue un apóstol de mi Dios en la violencia, con nadie se metió, ni se apoderó de un solo bien ajeno. Siempre pregonó la paz, la convivencia y el amor por la naturaleza, a pesar de que su familia fue borrada por el crudo vendaval de la violencia, entre liberales y conservadores pobres.

La reina del hogar sirvió una apetitosa taza de café, saludando con beneplácito al anciano. “Hacía rato no se paseaba por estos andurriales”, le dijo sonriente. “¿Se ganó acaso la lotería y ya no visita a los pobres?”, agregó la fémina con fina ironía, al entregar la hirviente bebida. “Ni en sueños mi señora. No gusto de jugar a la ruleta de la suerte, prefiero vivir metido en el trabajo y en el mundo mágico de los libros”, contestó también con ironía. La amistad era de años.

Entre risas, Dianita se acercó preguntándole por sus “hermanos los árboles”, ¿Por qué esta afirmación tan chistosa? ¡Qué pregunta tan interesante niña! Es una historia muy larga que gustoso se la contaría en voz alta para que sus abuelos escuchen. Comienza, contestó la niña sentándose a su lado. Recostado en la chambrana, el abuelo se dispuso a escuchar la retahíla del peregrino. La abuela, por su parte, apagó el transistor para escuchar mejor desde la cocina.

El árbol, esa maravillosa planta que nos ofrece sombra, oxígeno, alimento, placer, belleza y vida tiene su historia. Conocerla es importante, porque como dice el dicho, quien no conoce la historia está condenado a repetirla y yo diría a cometer graves errores contra la naturaleza, la misma vida humana y el mismo sistema ecológico en su totalidad. Dianita por favor: ¡No estoy exagerando!

No la voy a saturar con cifras. Solamente un par será suficiente porque sé que eres una niña muy inteligente y despierta. El árbol tiene su historia. Mire usted: Los primeros árboles aparecieron hace 380 millones de años, aproximadamente. Esta cifra no cabe en mi cabeza todavía, mal haría en obligarte a que tú la asimiles, si eres apenas una niña con muchos sueños de ser grande. Apareció durante el período llamado: Devónico. A mí me costó trabajo conocer el significado de este término, no es necesario que lo aprenda. Sin embargo, indagando, consultando los libros de la biblioteca, encontré el significado: “El Devónico es el cuarto período de la era Paleozoica, el cual comenzó hace unos 419 millones de años y terminó hace aproximadamente 359 millones de años. (Por favor Dianita no se asuste, ni se desanime con estas cifras).

Se calcula que el árbol más antiguo se llama Wattieza, considerado por la ciencia como el árbol más antiguo del mundo, alcanzando alturas superiores a ocho metros. Estas plantas evolucionaron a partir de algas y formas vegetales acuáticas que desarrollaron raíces y troncos rígidos con hojas para sobrevivir a la sequedad en la tierra firme.

Dianita apenas parpadeaba. Sus abuelos fueron transformando la ironía en silencio. Tal fue el impacto que la patrona suspendió sus labores para escuchar mejor y el abuelo calló. Era un silencio sepulcral. Solo se escuchaba la voz chillona y cansada de Don Arcadio.

Te preguntaría Dianita, ¿Qué es para ti un árbol? Dianita reaccionó nerviosa y corriendo buscó el cuaderno de ciencias naturales. La profesora – dijo dubitativa – nos hizo escribir en el cuaderno: “Un árbol es una planta de tallo leñoso que se ramifica a cierta altura del suelo. Tiene ramas y hojas”. Eso dice la profesora y tú que dices. Pues digo que la profesora tiene razón. Muy bien Dianita.

Una universidad, exactamente la Yale de Estados Unidos, desarrolló una investigación histórica sobre el árbol, concluyendo que en la tierra había tres billones de árboles inicialmente, pero su cantidad se redujo en un 46 por ciento desde que comenzó la denominada: “Civilización Humana”. Quiere decir, dijo el abuelo por entre los dientes, desde el momento en que el hombre comenzó su destrucción masiva sin conciencia ambiental, solo acosado por la ambición de sistemas primitivos y salvajes como el que tenemos actualmente.

La destrucción masiva de árboles por la ambición de unos cuantos, en detrimento de la inmensa mayoría de la humanidad, nos tiene al borde del colapso. La cifra es horrorosa: Cada año se pierde en promedio quince mil millones de árboles, una cifra que ni tu ni yo asimilamos conscientemente.

El árbol hace parte activa del paisaje natural, cumple funciones importantes: Previene la erosión, forma un ecosistema vigoroso, produce oxígeno, reduce en grado sumo el dióxido de carbono en la atmósfera, modera la temperatura del suelo, produce frutos, alimento, madera, fuente de energía primaria en muchos países en vía de desarrollo. Incluso, influye en el mundo mágico de la mitología.

Dianita se divertía escuchando. Algunos de estos temas los había escuchado en la escuela con la profesora de biología. Por eso, se atrevió tímidamente a preguntar: Don Arcadio, dime tú ¿Cuáles son las partes del árbol? Don Arcadio, rio complacido al contestar: Está formado por tres partes: Raíz, Tronco y la Copa. Cada parte cumple una función específica: La raíz fija al árbol a la tierra, el tronco es la estructura de la corteza que sostiene la Copa. La Copa, a su vez, está formada por las ramas y las hojas.

Muy bien Don Arcadio, no me está diciendo mentiras. Eso tengo escrito en el cuaderno de Ciencias Naturales, dijo la niña aplaudiendo con las dos manitas. Sería incapaz de mentir y engañar y más a los niños y a las niñas, dijo el veterano anciano.

La lluvia fue alejándose y un sol suave apareció entre las nubes, brindando tenue calor. Mi abuelo lo invitó a compartir el desayuno. Había generado en él curiosidad por los árboles. Ni imaginaba remotamente la historia de éstos, menos su importancia, dijo al acomodarse en el rectangular mesón. Es un maestro, dijo mi abuela, mirando con admiración a Don Arcadio.

¿Todo está dicho sobre el árbol? Preguntó Dianita. Don Arcadio la miró irónico. Queda pendiente quizás lo más importante, niña de ojos negros, contestó, apartándose del mesón, golpeándose el estómago, manifestando su llenura.

Seguro abuelo, no puede haber cosa más fantástica, seguramente usted está exagerando, dijo la niña espontáneamente, acomodándose de nuevo en la pequeña banqueta de madera sin pulir. Mis abuelos rieron como dándome la razón.

¿Sabían ustedes – dijo Don Arcadio – que las hojas de los árboles son verdaderos laboratorios? Se hizo un silencio de incredulidad. Incluso, Dianita, se atrevió a decir que los estaba tomando del pelo. Es la realidad, dijo Don Arcadio, mirándolos con ternura oceánica.

El fenómeno que se sucede en las hojas se llama fotosíntesis. ¿Qué es la fotosíntesis? Es el proceso químico mediante el cual, las plantas, las algas y algunas bacterias transforman la materia inorgánica en materia orgánica, utilizando la energía de la luz solar.

Dianita frunció el ceño. Su abuelo mostró extrañeza y su abuela dijo en voz baja que hasta ahí la había traído el río. No entiendo ni pío, dijo con voz entre cortada. Don Arcadio sonrió. No es fácil asimilar el conocimiento científico; pero, tampoco es imposible. Miremos en detalle el proceso de la fotosíntesis:

1.    Absorción: Las raíces de las plantas absorben el agua y sales minerales del suelo formando la llamada: Savia Bruta, que sube hasta las hojas por el tallo.

2.    Captación de la luz: Las hojas toman el dióxido de Carbono del aire y capturan la luz solar gracias a la clorofila, pigmento de color verde.

3.    Transformación: Con la energía de la luz, el agua y el dióxido de carbono, se transforma en glucosa. Es decir, en el alimento de la planta, llamada también: Savia Elaborada.

4.    Liberación de oxígeno: Como resultado de esta reacción química, la planta expulsa oxígeno hacia la atmósfera. Eso quiere decir, mis queridos pan de trigos, que la importancia de la fotosíntesis radica en que proporciona el oxígeno indispensable para poder respirar nosotros los humanos y los demás seres vivos que hay en la tierra.

Todos se miraron entre sí con gesto de asombro e incredulidad. El rastro de la satisfacción se explayó: Don Arcadio por haber tenido la oportunidad de compartir los conocimientos extraídos de los libros de la biblioteca y los abuelos y la nieta, por aprender nuevos y maravillosos conocimientos. Desde entonces, los árboles crecieron allí libremente, con mucho amor y gratitud. Fueron queridos, amados y respetados por la gran familia. 

Fin

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