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| Foto: Redes Sociales |
Por Agamenón
“La suerte está echada”, dijo el emperador romano Julio Cesar. Hay un presidente ilegal de nacionalidad gringa, que tiene por misión arrasar los avances del Gobierno del Cambio, liderado por el Pacto Histórico, para en su lugar establecer el terrible régimen fascista, con el único propósito de bloquear el proceso democrático en alto grado de maduración del pueblo colombiano. Les asusta a él y a su patota en grado sumo que doce millones 700 mil compatriotas sean afines al Progresismo y a la misma izquierda, ya no los asusta el cuento del “comunismo” y la supuesta “dictadura del proletariado”, menos el denominado “castrochavismo”, que tanto difundieron los medios masivos de comunicación con espectacularidad y singularidad, por orden expresa del narcotraficante número 82, según la CIA, Álvaro Uribe Vélez.
Ahora tenemos un dictador en el Solio de Bolívar, potencialmente más peligroso que el mismo uribismo, por cuanto cuenta con el apoyo directo de Estados Unidos e Israel: El imperialismo y el Sionismo. Un criminal que patea a los muertos caídos en combate, desconociendo todo concepto ético y moral y desde luego, las normas claras del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Abelardo de la Espriella Otero, es un bárbaro por donde se le mire.
No hay duda, el proceso democrático y revolucionario en Colombia ha dado un paso atrás, cuyas consecuencias comienzan a salir a flote, tal como lo advirtió en su momento el Partido Comunista Colombiano, pero que mucho pueblo llevado por el analfabetismo político, el miedo o la misma irresponsabilidad, apoyó burguesa y fascista iniciativa y que junto con el fraude llevaron a este demente a la presidencia de la república.
Lo hecho, hecho está. No hay vuelta de hoja. Es necesario una profunda reflexión por parte de los que engañados votaron por este sujeto. La violencia no discrimina. No hay ninguna garantía que los pobres que votaron por este siniestro personaje, estén exentos de la cruda violencia. Una bomba matará tanto a simpatizantes de la derecha como de la izquierda y los que posaron de neutrales. La violencia es una cruda borrasca que arrasa todo lo que encuentre a su paso sin hacer distinción.
¿Es el fin del fin? Por supuesto que no. Los gobiernos son efímeros, los pueblos eternos. La filosofía materialista enseña que los procesos no son lineales, ni van para atrás. Los procesos tienen una dinámica de “saltos” con avances y retrocesos, pero siempre siguiendo las manecillas del reloj. Es decir, hacia adelante. Dictaduras más asesinas, han existido en el mundo y finalmente han sido derrotadas por el pueblo formado políticamente y unido con plena conciencia de clase.
Por eso, el traspiés que ha tenido el pueblo colombiano, en modo alguno es para desmoralizarnos, echarnos a llorar, recriminar al otro, doblegar la rodilla en tierra ante el fascista de la Espriella Otero y concebir que nada se puede hacer, porque ese es el destino inexorable, es decisión de Dios. No fue gratuito que este falangista se hubiera apoyado en prácticamente en todas las religiones y sectas para “ganar” las elecciones. Sabe que este pueblo fruto de la ignorancia es crédulo oceánico y sin escrúpulo alguno viene aprovechando al máximo dicha coyuntura para sacar partida su propuesta fascista. El proyecto “abelardista” es claro e inescrupuloso: Meter en cintura al pueblo y entregar todos los recursos naturales a los Estados Unidos, a Israel y a la Oligarquía.
Se ha perdido una batalla, pero no la guerra. La lucha de clases se dispara con más intensidad. Algunos pusilánimes y conformistas, sin formación ideológica y política, seguramente estarán dispuestos a arrodillarse y hacerle todo tipo de concesiones al enemigo de clase liderado por el señor Abelardo de la Espriella Otero. Pero, la inmensa mayoría seguramente estará dispuesta a continuar la lucha por la paz, la democracia, la justicia social y la construcción del sistema contrario al capitalismo: El Socialismo. Como dijera Jorge Eliécer Gaitán Ayala: “El pánico se lo dejamos a los cobardes que no sienten como nosotros”.
¿Cuál es la estrategia para derrotar el gobierno colombiano de la muerte? La unidad, la crítica y la autocrítica permanente, dinámica y dialéctica. No hay otro camino. Tener capacidad de resolver las contradicciones sin romper la unidad; corregir los errores “normales” en un proceso tan complejo con la crítica y la autocrítica. No es por supuesto una crítica o autocrítica “religiosa” que se hace repetitiva y permanente, es una crítica o autocrítica seria, argumentada con la firme convicción de cambiar y avanzar. Debe ser una crítica o autocrítica radical, fraternal y sin ambigüedades. Nadie podrá estar exenta de ésta. Esta debe fluir libremente de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, rechazando con vehemencia todo tipo de privilegios.
Con una organización así, y solo así, se podrá detener el fascismo en Colombia más temprano que tarde. No hay otro camino posible. Así, pues, la tarea en el Pacto Histórico, es esa: Afinar la unidad, la crítica y la autocrítica. Por estos días el movimiento “Unidad para Avanzar, UPA”, llevó a cabo la Asamblea Nacional en Cartagena, evento que fue aprovechado para caracterizar el gobierno del señor Abelardo, su implicación en el devenir del país y la firma convicción de la unidad y fortalecimiento del Pacto Histórico. Ese es el camino para avanzar. En el caso del Partido Comunista Colombiano, Local Ibagué, llevará a cabo la conferencia local extraordinaria el próximo 26 de septiembre, magno evento en el cual se estudiará toda esta confusa realidad y se tomaran decisiones no solo para resistir sino para avanzar en todo este proceso revolucionario a partir de la unidad, la crítica y la autocrítica

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