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| Iván Cepeda y fórmula vicepresidencial la lideresa indígena Aída Quilcué. Foto: Internet |
Por Agamenón
La esperanza del pueblo colombiano que sembró el Gobierno del Cambio del presidente Gustavo Petro Urrego, reverdece con la candidatura presidencial del compañero Iván Cepeda Castro, por cuanto entraña el más alto ideal de darle continuidad al proceso con la firme convicción de profundizarlo, radicalizarlo. No es un prurito, es el sueño dorado de millones y millones de colombianos y colombianas que han visto y experimentado en carne propia el ansia de justicia social, paz y sosiego. La gran utopía se comienza a hacer realidad, después de más de doscientos años de dictadura de la clase oligárquica que ha utilizado el poder para bien de una pequeña, sucia y criminal oligarquía metida en los colores rojo y azul.
Esa dicotomía entre rojos y azules ha generado una cruda violencia entre liberales pobres y conservadores pobres, mientras sus jefes devoran el presupuesto sin escrúpulo alguno. Sucio poder sostenido en la incomunicación mediática, en la mentira, en los crímenes más horripilantes y en las leyes elaboradas calculadamente para defender esos mezquinos intereses egoístas e inhumanos. Al surgir y desarrollarse el Pacto Histórico, una nueva verdad se abre paso, ya anunciada por el mártir del 9 de abril, Jorge Eliécer Gaitán, cuando dijo: “El pueblo es superior a sus dirigentes”.
Esa gran verdad, sustentada en la ciencia, poco a poco se hace realidad. En medio del analfabetismo político, el terrorismo de Estado y la brutal explotación del hombre por el hombre, viene saliendo a flote gracias a la tenacidad del pueblo que ha ido comprendiendo que el único camino posible para salir de ese laberinto es la unidad, la organización y la resistencia colectiva del pueblo colombiano. La lucha por la paz resulta factor determinante, lo ha venido entendiendo el pueblo al calor de la lucha popular, campesina e indígena.
Si bien hay todavía pueblo que se niega a romper las cadenas de la opresión, la represión y la injusticia social, fruto del dogmatismo, sectarismo, falso tradicionalismo y el miedo inyectado por esta rancia y descompuesta oligarquía, la inmensa mayoría tiene un parecer distinto, ha ido entendiendo el mensaje de Gaitán: “El pueblo es superior a sus dirigentes”. Prueba de ello es que hoy por hoy, el Pacto Histórico es la primera fuerza política en Colombia. Fuerza que no ha salido de la nada, pues es un largo acumulado que se ha concatenado y da los frutos deseados. Es un movimiento en construcción, movimiento que se está haciendo, movimiento que hay que perfeccionar con la praxis y la conciencia de clase. Superar los errores y las mismas debilidades ideológicas con inteligencia y firme convicción, son tareas prioritarias al calor de la campaña electoral que habrá de darle continuidad a este hermoso y dialéctico proceso revolucionario.
En esas condiciones, llevar a la presidencia de la república al compañero Iván Cepeda Castro, es una tarea de primer orden que nos compromete a todos y todas. Cada día, cada hora, es tiempo que debemos aprovechar para formar a esa masa amorfa que todavía se deja seducir por la mentira, el engaño, la promeso y el miedo al cambio. No hay que pelear con esa masa que como dijera Jesús en la cruz, “no sabe lo que hace”, hay que multiplicar el argumento y la maravillosa obra que comenzó con coraje nuestro querido presidente Gustavo Petro Urrego.
El Partido Comunista Colombiano, Local Ibagué, llama a la militancia, a los amigos y simpatizantes a no cesar en la prédica de la campaña, utilizar las 24 horas en conversar, debatir y convencer, sobre la nueva realidad política que se abre paso en Colombia. Demostrar con hechos contundentes que los pueblos son eternos, protagonistas enhiestos de la historia. Mandar al carajo el complejo de inferioridad que nos ha tenido en la más cruel sumisión, por obra y gracia de la oligarquía liberal-conservadora.
Cada comunista ibaguereño debe convertirse en jefe de debate, en símbolo de unidad y de combate contra el crudo analfabetismo político y la maldita violencia que tantos destrozos ha generado en el país. Vender el semanario VOZ La verdad del pueblo, la revista Taller y demás documentos publicitarios. Estos son pretextos para abrir el diálogo, la batalla de ideas. Acudir a defender los intereses del pueblo también es prioridad que hay que asumir. Un comunista no puede quedarse quieto, debe destacarse fundamentalmente en el trabajo, en la honestidad y transparencia de sus acciones. Es decir, en la acción. Solo así podrá ser presidente Iván Cepeda Castro en primera vuelta, como lo deseamos todos y todas.

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