lunes, 6 de abril de 2026

Después de Semana Santa…

Foto: Internet

 Por Agamenón

La sociedad católica conmemoró la pasión y muerte de Jesús en el madero. Los templos estuvieron atiborrados de fieles y los curas llenaron sus alforjas sin más contratiempo que la crisis económica de la feligresía para dar más. Después del sangriento suceso, resucitó al tercer día como suele hacerlo cada año. Ciclo vicioso: Nace, muere, nace, muere, seguramente hasta que la religión deje de ser un suculento negocio económico para la curia y demás sectas religiosas.

Pero, no se trata de abrir discusiones bizantinas, entre creer o no creer, porque de lo que se trata es de la unión entre creyentes y no creyentes para transformar la realidad concreta de la humanidad. La unidad es lo fundamental, entendiendo la libertad que debe existir para creer o no creer. Eso no nos debe dividir.

Sobra decir que la oligarquía colombiana ha utilizado la religión para alienar y adormecer al pueblo, con el cuento de la sumisión y la resignación, afirmando que es mejor sufrir en la tierra y no en la eternidad. Entonces nos pone a rezar por los ricos, que según afirma la biblia, difícilmente ganaran el cielo. “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico salvarse”, dice.

¿Qué sigue ahora?

Terminada la conmemoración del drama del Gólgota en Colombia, lo que viene es la profundización de la campaña política por la candidatura presidencial de Iván Cepeda Castro y Aída Marina Quilcué Viva. El tiempo se agota y hay mucho por hacer al respecto, sobre todo cuando se entiende que la campaña política es para masificar el programa del candidato y luchar contra el analfabetismo político, haciendo que el pueblo sea autónomo y consciente del proceso de cambio que comenzó el Pacto Histórico con el compañero Gustavo Petro Urrego en la presidencia. Hay que darle continuidad a ese proceso. Incluso, profundizarlo, para lo cual se requiere de un pueblo organizado, crítico, analítico y propositivo.

La otra actividad importante es preparar con todos los juguetes el primero de mayo, día internacional de la clase obrera. Hay razones suficientes y temas cruciales para movilizarnos masivamente en toda la nación. Denunciar la estructura putrefacta y descompuesta de la derecha y de la extrema derecha que con mentiras y engaños pretenden detener las ruedas de la historia para que todo siga igual e inmodificable y el rico siga siendo rico y el pobre, pobre.

Solidarizarnos una vez más con todos los pueblos del mundo agredidos por los Estados Unidos, colocando la paz mundial en entredicho. Solidaridad con Cuba, la República Bolivariana de Venezuela, Palestina, Irán, Nicaragua, etc.

Igual, Colombia debe marchar en solidaridad con el medio ambiente, rechazando las multinacionales que sin escrúpulos destruyen la Pachamama, solo para satisfacer intereses económicos mezquinos de particulares. Por supuesto, marchar por la paz con justicia social, por la ciencia y por los cambios que viene haciendo el presidente saliente, Gustavo Petro Urrego.

Armados de la razón, salir multitudinariamente con alegría, entusiasmos y decisión, siempre dispuestos a contribuir a forjar un mundo mejor, más humano y generoso para todos y todas, sin privilegios de ninguna naturaleza. El primero de mayo es nuestro día, hay que hacerlo sentir y vibrar en el corazón y en las venas de todos los colombianos y colombianas. Por lo menos, izar el pabellón nacional y pensar que quien forja y hace la fortuna es el trabajador, no el patrón.

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