martes, 24 de marzo de 2026

Triste ocaso de Uribe y el uribismo

 

Foto: Instagram

Por Agamenón

Si bien el presidente Gustavo Petro Urrego ha desarrollado una tenaz lucha contra el narcotráfico, especialmente el instalado en las altas esferas del Estado, es indudable que todavía perdura con un poder bastante destructor y nocivo, afectando gravemente la Democracia, la Paz y la Convivencia Nacional. La derecha y la extrema derecha se apoyan en él con el único propósito de impedir el cambio que poco a poco se viene generando en Colombia.

El común de la gente se pregunta horrorizada cómo un criminal confeso, narcotraficante definido por la misma CIA como el número 82, autor directo de múltiples masacres, despojador de tierras a sangre y fuego, títere de los Estados Unidos, condenado por la Justicia colombiana, continué moviéndose por todo el país sin ningún problema fomentando el odio, la violencia, la mentira y la politiquería más torpe y rastrera. ¿No hay poder humano o normativo que detenga a esta bestia del mal y del crimen premeditado?

Podríamos intuir de este escabroso cuadro que la justicia colombiana, el poder judicial, lo mismo que el poder legislativo, siguen en manos inescrupulosas de la mafiosa burguesía pintada de azul y rojo. Algún campesino dijo asombrado que “Uribe tiene pacto con el diablo”. “No es pacto con el diablo, es pacto con el poder legislativo y judicial”, le contesté al ingenuo campesino.

Hay que decirlo con franqueza: El poder mafioso incrustado en las altas esferas del Estado, no se corrige con avemarías, se corrige con la unidad y acción del pueblo colombiano cada vez más instruido y consciente de que es el verdadero protagonista de la historia. Fortalecer la organización del pueblo en el marco de la campaña electoral que se desarrolla y que seguramente llevará a la presidencia a Iván Cepeda Castro, es una tarea de primer orden, porque la campaña política no puede ser un campeonato de agravios e insultos, debe convertirse en un espacio amplio y democrático para confrontar ideas, argumentar y fortalecer la esperanza de la profundización del cambio que necesita con urgencia el país.

La participación del pueblo colombiano en las elecciones del 8 de marzo para elegir Congreso, es importante por cuanto la participación estuvo por el 50,62 por ciento. Una manera de romper la hegemonía de la derecha, es rompiendo el abstencionismo. Hacer que el pueblo común y corriente se pronuncie, diga, opine, defina y concrete es de vital importancia para la vida democrática de Colombia.

Con todas las contradicciones en un proceso tan complejo, Colombia avanza hacia un nuevo estadio. El proceso dialéctico tiene sus avances y retrocesos, pero avanza y con paso firme. El Pacto Histórico es la principal evidencia de este proceso en marcha. Éste es un proceso democrático y político en marcha que seguramente con el tiempo y las luchas acertadas del pueblo y sus cuadros dirigentes, éste se irá desarrollando y profundizando en la conciencia de la masa popular.

El ocaso de Álvaro Uribe Vélez y del uribismo es real y objetivo, sin querer decir que están eliminados en su totalidad. Todavía cuenta el mafioso expresidente con fuerte poder, es indudable. La mafia no se liquida de la noche a la mañana. Lo importante es no aflojar, insistir y persistir, no dar el brazo a torcer, ni perder la moral revolucionaria. La batalla ideológica debe ser permanente. Uribe, más temprano que tarde, irá al basurero de la historia, sin pena y sin gloria. La mentira es un piso endeble que en cualquier momento se rompe. Por ahora, la tarea es profundizar el cambio, el Pacto Histórico y hacer presidente al compañero Iván Cepeda Castro. 

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