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| Yira Castro, Álvaro Vásquez, Gilberto Vieira, Manuel Cepeda y Hernando Hurtado. Foto: Internet |
Los procesos se materializan en espiral, es decir, con avances y retrocesos, siempre siguiendo las manecillas del reloj, o sea, hacia adelante. Sin embargo, bueno resulta preguntarnos desde las alteridades crítica y autocrítica, cómo estamos los comunistas en concreto para enfrentar el fascismo en cabeza de Abelardo de la Espriella. ¿Hay la moral, la ética y la disciplina de viejos comunistas que con tanto entusiasmo fundaron este glorioso Partido en Colombia? ¿Sí tenemos la garra de esos viejos fundadores del Partido de la vida y de la esperanza? ¿Somos simples réplicas mal hechas o hechas a medias?
La difícil situación que significa retornar el terrorismo de Estado y los brotes de fascismo, nos convoca a preguntarnos éstas y muchas cosas más. Las respuestas ya no están en Bogotá, están en las diversas regiones con todas sus particularidades. Las recetas ya no son fórmulas de solución de quien dice para quien hace. Se impone una vez más la doble vía, el intercambio de experiencias en igualdad de condiciones, bajo el estricto respeto y admiración mutua. La realidad es tozuda: Nadie tiene la verdad revelada.
No es lo mismo intercambiar opiniones y experiencias desde las particularidades que recetar a raja tabla que se debe hacer y qué no se debe hacer. La salida es el diálogo horizontal, o sea, de doble vía, en el marco del respeto mutuo y dentro del pensamiento marxista y leninista. Con los “comunistas” que creen que el leninismo pasó de moda y que el sacrificio de otrora, es hoy anacrónico con la tecnología de punta y la inteligencia artificial y la burocracia que vivió Colombia durante cuatro años, realmente es muy difícil compartir, porque lo que ha hecho invencible al Partido Comunista es, precisamente, la estructura orgánica y la profundidad ideológica de un programa anticapitalista, antilatifundista y antimperialista. No hay para el comunista términos medios y menos conciliadores.
El comunista no censura, corrige con argumento y humanismo. El comunista no se hace el de la vista gorda, permitiendo hacer y dejar hacer para no incomodar a nadie y estar de esta manera en el grupo compartiendo las migajas de las mieses del poder. El comunista es el mismo en la adversidad y en las victorias: Humano demasiado humano, como diría Federico Nietzsche. Es más, el comunista, comunista, aprovecha las circunstancias para avanzar, profundizar el proceso y hacerlo más universal y posible. El seudo comunista aprovecha la coyuntura para pelechar y satisfacer sus egoísmos y el de su limitado “combo”.
Era una regla de oro de los comunistas antiguos que los cuadros dirigentes eran los más disciplinados, más formados políticamente y más consecuentes con la causa revolucionaria. Hoy se puede dar el lujo de llegar a dirigir el Partido sin ser comunista, sin cumplir los requisitos básicos: Militar en una célula, sin practicar los principios leninistas de organización, sin cotizar, sin conocer el programa, etc.
Vamos a ver cuál va a ser el comportamiento de esos “camaradas” en este momento crucial cuando los pasos del fascismo acechante es una realidad. La práctica será definitiva para establecer la verdad y la veracidad de los hechos. Bien dice el marxismo: “Todo problema teórico se resuelve en la práctica”.
El Partido de Carlos Marx, de Lenin, de Fidel, de Gilberto Vieira, de Carlos Arturo Lozano Guillén, de Raúl Rojas González, de Pablo Neruda, la pasionaria, continuará avanzado con luchadoras insobornables como Gloria Inés Ramírez, Martha Carvajalino, que brillaron en las respectivas carteras con su trabajo, honestidad y transparencia. Dejaron al Partido bien posicionado, indudablemente. Enseñaron que el Partido es teoría y práctica.
Como comunista veterano, de la vieja guardia, considero que plantear estos temas son importantes para enfrentar el momento histórico. Son reflexiones que salen de la conciencia política, de quien considera que se necesita un Partido fuerte, unitario, combativo, humano, solidario y consecuente con el momento histórico. Un Partido fuerte y revolucionario en el mejor sentido de la palabra. No es un partido reformista, es un Partido Revolucionario, que seguramente estará a la altura del momento histórico. Decía Gaitán: “Más vale una bandera limpia y solitaria que cien banderas tendidas sobre el lodo”. No sé si alcanzaré a vivir los primeros cien años del Partido Comunista, si no es así, desde la eternidad estaré festejando esta efeméride y ratificando mi compromiso con el comunismo y con el Partido Comunista Colombiano. Ni la muerte me borrará la dicha de ser comunista. No veré el comunismo, pero sí lo verán millones y millones de seres humanos humildes, obreros, obreras, trabajadores, trabajadoras, intelectuales y personas de bien. No soy egoísta, por eso festejaré ese momento y esos acontecimientos. ¡Viva el Partido Comunista Colombiano! Hasta la victoria ¡Siempre!

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