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Por Agamenón
Los anuncios del ilegal presidente electo, Abelardo de la Espriella, tiñen de gris el horizonte del pueblo colombiano, en este caso cobija a la juventud y de qué manera. Ha dicho que volverá a regir el servicio militar obligatorio, forjando de esta manera un gigantesco contingente para la represión y la muerte, comprometiendo en grado sumo a la juventud, el presente y futuro de este país.
Esta medida bélica que el presidente Gustavo Petro Urrego proscribió en dirección al ingreso a los centros educativos con la esperanza de que el pueblo joven se forme y pueda orientar el destino de la nación desde el ámbito del conocimiento, la sapiencia y la paz, se diluye de golpe con la decisión del agente de Estados Unidos, de que los jóvenes del pueblo, vuelvan a ser cañones de la guerra en defensa de la clase dominante y los intereses imperialistas del Tío Sam.
Los hijos de la oligarquía por supuesto no irán a la guerra, irán a las mejores universidades del mundo a prepararse para manejar los hilos del poder capitalista. La guerra seguirá siendo exclusividad de los pobres, los humildes, los desvalidos. Esa es la esencia y naturaleza del capitalismo, que el ilegal presidente electo impulsará sin remordimiento alguno.
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| Foto: Internet |
Pueda que los jóvenes abelardistas estén afiebrados en la guerra con esa campaña monstruosa mediática, la desinformación que recibieron seguramente de sus padres llevados por la lujuria del poder capitalista. Ellos ahí sí pueden gritar a todo pulmón: “Firmes por la patria”. La guerra es sinónimo de muerte, destrucción, pobreza e impunidad.
Sería interesante conocer la opinión de esos “jóvenes abelardistas” que consideran la guerra como un juego de niños, en los que los juegos pirotécnicos dan pie para el juego y la fantasía. La guerra no es eso. La guerra es destrucción, crujir de dientes, dolor, sacrificio y desolación. Seguramente, ustedes tienen otro concepto porque han vivido la violencia en la televisión, bien cómodos, bien alimentados y férreamente custodiados. Seguramente no la han vivido, solo tienen una superficial idea a partir de los recortes de prensa y los relatos de sus padres desinformados.
La propuesta monstruosa de Abelardo de la Espriella es clara: Enfrentar pueblo joven contra pueblo joven para sacar los mejores dividendos. Lo que decía Nicolás Maquiavelo: “Divides y reinarás”. Así alimenta esta criatura infernal los pasos siniestros del fascismo. Seguramente ustedes jóvenes abelardistas no tendrán la menor información del Estatuto de Seguridad durante el gobierno de Julio Cesar Turbay Ayala y su ministro de guerra, Luis Carlos Camacho Leiva, tampoco el horroroso genocidio contra el Partido Comunista y la Unión Patriótica.
La deportación de Estados Unidos
Otro hecho deplorable del mafioso e ilegal presidente electo de nacionalidad gringa, es su incumplimiento con los colombianos radicados en Estado Unidos que algunos, hasta hipotecaron lo que no tenían para hacerle campaña con la promesa de contener la furia contra los migrantes de Donald Trump. Les hizo mamola. Serán deportados con el beneplácito del supuesto presidente electo, Abelardo de la Espriella. Sin posicionarse oficialmente y ya le está incumpliendo a sus electores.
Esto estaba cantado. Era una especie de crónica anunciada. Donald Trump no considera a este forajido amigo, lo considera vasallo que tiene que obedecer ciegamente lo que dice el amo del norte. Tiene que obedecer ciegamente, básicamente por dos razones: De la Espriella tiene nacionalidad gringa y al adquirirla tuvo que jurar defender los intereses imperialistas de esta potencia en decadencia. No puede salirse de estos moldes. Adicionalmente, la inteligencia militar y de seguridad de Estados Unidos, saben con exactitud quién es este personaje. Su vida procelosa, narco, rata, etc. etc. Cualquier desobediencia del señor de la Espriella será motivo para sacarlo del Palacio de Nariño y llevarlo al banquillo de los acusados. Los gringos no manejan relaciones humanas, manejan relaciones económicas.
Así, pues, sin posicionarse Abelardo de la Espriella, le está incumpliendo a sus electores que seguramente tenían grandes ilusiones con el capo. La juventud que debería estar estudiando a pagar servicio militar, menos los hijos de papi y mami. De otro lado, cerca de 27 mil colombianos que gritaban: “Firmes por la patria”, ahora deberán gritar: “Firmes por la deportación”.


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