lunes, 20 de abril de 2026

El pez muere por la boca

Presidente colombiano, Gustavo Petro Urrego. Foto: Presidencia de la República

Por Nelson Lombana Silva

Una vez el presidente colombiano, Gustavo Petro Urrego, denunció en sus redes sociales el presunto atentado que se vendría cocinando contra el candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda Castro, según información oficial y confidencial de la CIA, el sanguinario y mafioso expresidente Álvaro Uribe Vélez reaccionó como sintiéndose aludido, afirmando que unos emisarios del ELN le habían revelado un presunto plan para atentar contra la atembada candidata de la derecha y extrema derecha, Paloma Valencia.

El triste célebre responsable de los 6402 inocentes y humildes jóvenes colombianos asesinados a sangre fría, en el marco de los “falsos positivos”, no oculta su nerviosismo al salir precipitadamente a decir barrabasadas como tratando de justificar lo injustificable o cuando más bajarle tono a la grave denuncia formulada por el presidente Gustavo Petro Urrego.

Bien se puede hacer varias lecturas de la actitud asumida por el condenado en primera instancia y que, como único caso seguramente en el mundo entero, anda libre como la guacharaca ibaguereña, haciendo politiquería y pontificando sobre lo humano y lo divino sin ningún contratiempo. Uribe Vélez: “El pez muere por la boca”, dice el adagio popular. Saque usted sus propias conclusiones, yo tengo las mías, las cuales me dicen que se siente aludido o quizás a punto de quedar al descubierto. Usted carga sobre sus escuálidos hombros muchos muertos en similares circunstancias, uno más, uno menos, qué le va importar.

El informe de la CIA es grave, no es para cruzarse de brazos. Esta es una oligarquía criminal que, con tal de defender sus intereses de clase, está dispuesta a eliminar medio país nacional sin contraer un solo músculo de su enjuto rostro. Recordemos los magnicidios históricos de Jorge Eliécer Gaitán, el general Rafael Uribe Uribe, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Pizarro León Gómez, el mismo Álvaro Gómez Hurtado, el director del semanario VOZ La verdad del pueblo, Manuel Cepeda Vargas y un largo etcétera…

La guerra de los mil días, algunos hablan de un millón de muertos, la violencia en Colombia después del 48, registra en promedio 300 mil muertos, el reciente conflicto habla de más de ocho millones de víctimas, según la comisión de la verdad. Guerra sórdida de pueblo pobre contra pueblo pobre, mientras los responsables en las alturas del poder cosechan dividendos con esta infeliz práctica.  Es tanta la ironía tétrica que pueblo metido en la oscuridad del analfabetismo político, apoya todavía tan criminal práctica, votando por los criminales, es decir, los mismos con las mismas.

Afortunadamente, con el arribo al gobierno del Pacto Histórico, cambios importantes se han suscitado en la conciencia del pueblo colombiano. A punto de golpes y vicisitudes ha ido entendiendo la trama de la pútrida oligarquía liberal-conservadora. El espíritu crítico y analítico del pueblo, ha venido ganando espacio. Prueba de ello, es el reto que se ha propuesto de elegir presidente a Iván Cepeda Castro en primera vuelta. No es una utopía, son los cálculos objetivos al apreciar el multitudinario respaldo en las distintas plazas públicas donde se ha presentado. Además, resulta importante contar con el respaldo del mejor presidente que ha tenido Colombia hasta ahora: Gustavo Petro Urrego.

En esas condiciones, objetivas y subjetivas, hay que rodear hoy más que nunca al candidato presidencial del Pacto Histórico, cada miembro del pueblo debe convertirse en guardaespaldas, porque Iván Cepeda Castro, representa la esperanza y la profundización del proceso revolucionario puesto en marcha por el Pacto Histórico en cabeza de Gustavo Petro Urrego. Impedir que la oligarquía mate la esperanza personificada en Iván Cepeda Castro, es compromiso de todos y todas. Igual, se espera una investigación para establecer exactamente quien o quienes estarían de tras del magnicidio, aunque la fina malicia indígena tenga claro de dónde vendría el interés de asesinarlo. Alguien dijo con fina ironía: “Adivine: Blanco es, gallina lo pone y frito se come”.

Así es la lucha de clases. No es tarea fácil y pacífica como el pueblo quisiera. Mientras el candidato del cambio plantea argumentos, tesis progresistas y revolucionarias, la extrema derecha acude a la falacia, a generar miedo e incertidumbre. Realmente, ya no tiene discurso ni capacidad de seducción. Acude entonces a la fuerza y al poder oscuro del narcotráfico. Eso hay que entenderlo para poder decir con Luis Carlos Galán Sarmiento: “Ni un paso atrás, siempre adelante” o el mismo Jorge Eliécer Gaitán al decir: “El pánico se lo dejamos a los cobardes que no sienten como nosotros. ¡A la carga!”.

El 24 de abril, después de las dos de la tarde, Iván Cepeda Castro, estará nuevamente en la ciudad de Ibagué, Tolima. El reto es llenar nuevamente el monumental parque Manuel Murillo Toro y los lugares aledaños, es la oportunidad que tenemos los tolimenses de expresar nuestra solidaridad al candidato del cambio y ratificar el compromiso inexorable de ganar el 31 de mayo en primera vuelta. La hora del cambio ha llegado en un proceso dialéctico que hay que hacer irreversible con el compromiso de todos y todas. sí, no hay dudas, hay que profundizar la lucha de clases.

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