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Eunicer Inés Gutiérrez Marín, madre por siempre. Foto Nelosi |
Por Nelson Lombana Silva
No hay sobre la tierra hecho más absurdo que la violencia, por cuanto la violencia es la ausencia de humanismo, tolerancia e inteligencia para sortear las contradicciones civilizadamente. Sin embargo, resulta más absurda e ilógica cuando ésta se hace en cuerpo ajeno, tal el caso de Colombia en los últimos 50 años, para solo colocar un período referencial, donde un círculo demasiado pequeño y estrecho que contiene la clase dominante, la burguesía, desata la guerra contra ese círculo grandísimo donde está el pueblo. Ella planea la guerra, la financia, le saca jugosos dividendos pero no va a ella. Hace de la violencia su modus vivendi, apoyo para mantenerse en las alturas del poder sin más mérito que la avaricia y el descorazonamiento para pasar sobre montañas de crímenes horripilantes sin contraer un solo músculo de su rostro.